A la luz de la voluntad


invidente 1Hay personas que nacen sin conocer como es el entorno que los rodea, no pueden ver sus colores y matices. Aún así, no renuncian a la vida, se adaptan a ella y hasta tienen la capacidad de reír y trabajar.

Unas características comunes los identifican: son laboriosos y disciplinados, buenas personas y con muchos deseos de ser útiles. Me relaciono frecuentemente con ellos y puedo percibir que son felices, a su manera. Y es que ellos adquieren la capacidad de adaptación psicológica para enfrentar esta adversidad que le deparó la vida.

Conozco de alguien que conoció la vida como vidente, hasta que, pasado unos años, ya un joven trabajador del antiguo central Nicaragua, en nueve largos años de largo sufrimiento fue perdiendo la visión, primero de un ojo, por desprendimiento de retina, luego sucedió lo mismo con el otro ojo, afectado por la misma causa, lo que le ambió totalmente la vida. Él es Miguel Valido Leyva, tenía entonces 49 años.

Miguel es un hombre con muchos deseos de vivir y disfrutar de la naturaleza y sus encantos. No se ha echado a una esquina a lamentarse y demuestra habilidades asombrosas, como reparar una hornilla eléctrica, instalar una lámpara con la línea caliente, conectar una toma corriente o arreglar una olla de presión, todo ello con una efectividad como el mejor electricista.

Pero no sólo hace eso. Este hombre, que ya anda rondando las cinco décadas, hace cualquier cosa en la casa, como limpiar el arroz y los frijoles, que también cocina en sus diferentes variantes y formas, y lo hace con limpieza, calidad y sabor, como el mejor vidente. También prepara el pescado y las carnes, friega los utensilios de cocina y limpia la casa, que conoce muy bien.

Siempre me he preguntado ¿cómo puede este buen hombre, preparar y cocinar pescados y sacarle tan perfectamente bien las espinas, si a los videntes le cuesta trabajo hacerlo; cómo puede trabajar la electricidad y no sufrir accidente o dañar a los equipos?

“Yo las cosas no las veo, pero las imagino y al palparlas las gravo en la mente. La corriente eléctrica es lo más difícil, pero con un poquito de precaución puedo resolver muchas de las cosas en el hogar, sin la necesidad de acudir a un técnico”, dijo Miguel.

Nada, es como si se revelasen ante las fatalidades y dijesen que sí pueden hacer muchas cosas, y hacerlas bien, adaptarse a las nuevas condiciones y ser mejores personas.

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