Un hogar, una familia


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Cuando se llega a la tercera edad la vida comienza a cambiar y dicen los que hoy peinan cabellos plateados, como Aniel, “que se vuelve a los primeros años de la infancia porque nos volvemos caprichosos, enfermizos y la memoria comienza a fallar, ya muchas veces no recordamos ni lo que nos ha ocurrido ayer”.

El envejecimiento poblacional actualmente se ha adueñado, poco a poco, de nuestro país y nuestro municipio no está exento de esta situación, por lo cual las instituciones para el cuidado de los adultos mayores perfilan su trabajo para brindarle una mejor calidad de vida. Así ocurre con el Hogar de Ancianos “Pedro Luis Pérez Almaguer”, centro que se ha convertido en la casa de 126 abuelitos que reciben atención especializada tanto del personal de salud como del de servicio.

10 f b 1Mailín Mancera Zamora, jefa de enfermera, refiere que “trabajamos de forma conjunta, tanto los 35 enfermeros como los tres médicos de asistencia, la barbera y todo el personal de servicio. A los abuelitos los tenemos distribuidos en las tres plantas de la institución, el primer nivel es para los pacientes con patologías agudas; el segundo es para los casos postrados y en tercera planta se encuentran los que tienen una buena salud. Por cada 20 pacientes tenemos una asistente. Cada sala tiene su responsable, que con un pase de visita controla desde el baño hasta la alimentación”.

10 f b 2Los que hoy transitan por los caminos de la tercera edad necesitan no solo de atención médica, sino también del amor y el cariño. El especialista en primer grado en Medicina General Integral con diplomado en geriatría, Antonio Gónzalez Castellanos, comenta que “los abuelitos que cada día atiendo en este hogar tienen diferentes patologías, pero las más frecuentes son hipertensión, diabetes, asma y también algunos que tienen demencia, muchas veces por la edad, pero yo muchas veces he dejado de ser su médico y me convierto en sus hijo o nieto porque ellos necesitan, más que pastillas, una caricia, el amor, palabras cariñosas, porque esa es la mejor forma de aliviar el dolor. Verlos evolucionar es un motivo de alegría, pero tristemente también tengo que verlos involucionar y esa es la parte de mi trabajo que se me hace más díficil, pero estoy satisfecho de mi labor en esta institución”.

Encontrarse con Rafaela Ochoa y Rodrigo Proenza, los abuelitos centenarios que tienen aquí su hogar, fue una experiencia maravillosa porque, según ellos, refieren entre sonrisas, “pensamos llegar a los 120 y hasta más, porque aquí nos cuidan como gallos finos y con mucho amor”.10 f b 4

Es entonces cuando encontré a Martha Hilda Labato, la barbera, que entre canciones y chistes hace reir a los ancianos mientras los afeita.“Aquí siento que mis problemas debo dejarlos en la casa porque ellos necesitan alegría y cariño ya que muchos no tienen a más nadie y nosotros nos hemos convertido en su familia”.

Julia Torres (foto de portdada), abuelita que vino desde Mayarí, refiere que aquí ha encontrado un hogar y también el amor: “primero tenía temor cuando llegué, pero después fui cogiendo confianza y ahora tengo muchos amigos, realizamos diferentes actividades y hasta encontré un novio porque el amor también existe a la tercera edad”.

Mejorar la calidad de vida de los adultos mayores y hacerle la existencia más placentera es el objetivo principal del Hogar de Ancianos “Pedro Luis Pérez Almaguer” que se ha convertido para todos los que allí se encuentran en una casa de familia.

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Fotos: Carlos García Matos.

 

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