Vivir desde y por el surco


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“Me crie en el surco, no me adapto a la vida de poblano, mi mundo es el campo”, fue lo primero que me expresó Joel Montero, campesino asociado a la cooperativa José Antonio Echeverría, del nororiental municipio de Banes, quien además dirige uno de los principales organopónicos de este territorio con resultados relevantes en la entrega de hortalizas y condimentos frescos a la población.

“Nací corriendo por los ríos y las guardarrayas de San Blas, en los montes de Banes, montando caballos, arriando vacas y oyendo el murmullo del campo al amanecer, eso me encanta y ya ves, estoy aquí a pesar de haberme graduado de maestro. Soy de la tierra y como buen campesino estaré hasta el final de mis días frente al surco”, recalca, y me cuenta de los resultados de su finca, ahora sembrada de maíz y plátanos después de cosechar frijoles, aunque este cultivo fue muy afectado por las lluvias de finales del 2017 y principios del 2018.

En el organopónico todos los canteros sembrados y con un verdor hermoso, cultivos de pimientos, remolacha, rábano, remolacha, acelga y cebollino en una rotación constante que le permite mantener cosechas sistemáticas y el cumplimiento de sus entregas a centros hospitalarios, el hogar de ancianos, círculos infantiles y las ventas directas a la población, con muy buena acogida.

Junto a Joel, su madre Victoria, un ejemplo de trabajo, constancia y del rol que desempeña hoy la mujer en el campo. Sus 70 años no son ningún obstáculo en ser la primera en levantarse y estar en las tareas del campo, lo mismo desyerbando el maíz, los frijoles o atendiendo cada uno de los cultivos de hortalizas.

“Yo siempre le doy la bienvenida al sol en el surco. Me levanto, cuelo el primer café del día y me voy para el campo para aprovechar las primeras horas de la mañana. Así se rinde más y las plantas lo agradecen”, explica mientras habla maravillas de su hijo y de la familia que formó con mucho tesón.

17 5 cm 1Un arroyo cruza las tierras de la familia Montero, donde crecen los cocoteros, sembrados de plátanos, árboles ornamentales a la vez se fomenta la crianza de gallinas, conejos y hasta peces de agua dulce, en un verdadero paraíso campestre que enamora la vista y encanta el alma.

Y junto a la familia Montero, un hombre que dice tener el inmenso orgullo de celebrar sus 75 años este 17 de mayo, Fulgencio Barea, quien relata los tiempos duros que vivió en la seudorepública, allá por las tierras de Cano Cuatro, del tiempo muerto después de la zafra azucarera y de los trabajos que tuvo que pasar la familia para llevarse algo al estómago.

“Era una época donde había que ser un “lince” para sobrevivir, pero vino Fidel y nos dio la tierra a los guajiros, ahora lo que tenemos que aprovecharlas como nosotros aquí, como ves, todo sembrado y produciendo, eso es lo que hay que hacer y nada más, trabajar y trabajar”, expresa este guajiro curtido por el sol y tantos años en el campo.

Este 17 de mayo se celebra el Día del campesino cubano, y es también parte de la fiesta que celebra toda la familia Montero y Fulgencio Barea, agricultores banenses que hacen de la tierra un monumento a la producción.

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