Construyendo futuros


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Cuando este cinco de diciembre celebremos en Cuba el día del constructor, estamos rindiendo merecido homenaje a uno de los sectores más sacrificados y necesarios para el desarrollo de un país, pues por sus manos pasan la edificación no solo del programa de la vivienda, sino también de importantes obras de beneficio económico y social.

Hombres de muchos años, haciendo la obra buena y generosa de todos los días, la prestigian con ese honor y orgullo que los caracteriza porque sienten que su utilidad es la felicidad de muchos y el avance de un país.

Así me encontré a Jorge Alexis González Rodríguez, con más de 30 años en el sector, toda una vida consagrada a esta noble tarea que, según él, lo motiva y lo convoca cada madrugada a estar allí en la vieja máquina de hacer losas de pisos, perteneciente a la Empresa Constructora del Poder Popular.

“Este trabajo no es fácil, aquí hay que tirar duro del hierro este casi diez horas al día para poder cumplir y sobrecumplir la meta diaria, que es de más de 300 losas”, afirma este veterano constructor que se inició en las labores de mantenimiento en el politécnico “Diez de Octubre”, de Macabí.

Me habla del orgullo de pertenecer al sector de la construcción, del empeño de sus compañeros para hacer lo máximo posible en la industria de materiales, limitada por la falta de recursos y por la vieja tecnología con la que trabajan, “pero anda y nosotros le sacamos el jugo”, recalca con esa convicción de que siempre se puede más si el hombre quiere.

Me enseña cómo funciona “la abuela”, como le dice a la máquina de confeccionar losas para pisos y las innovaciones recibidas para que se mantenga como una señorita de quince, todo un reto al ingenio de los cubanos que no creemos en dificultades ni obstáculos.

“Me siento muy orgulloso de pertenecer al sector de la construcción y más cuando voy por ahí y veo una casa terminada con mis mosaicos, digo: ahí está mi obra, ahí están mis gotas de sudor, eso es lindo verdad”, afirma.

Lo veo sudoroso, con el torso descubierto, envuelto entre el polvo del cemento y la arena, manejando con amor a su “abuelita”, que jadea, pero no lo abandona en esa batalla diaria por seguir construyendo futuros.

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