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La radio en el corazón (+ fotos)

Aún parece que vivo el verano de 1983. Por entonces tenía unos siete años y fue la primera vez que puse mis pies en la emisora Radio Banes, en el mismo centro neurálgico en donde se generaba todo lo que escuchaba en la radio de mi casa.

Quedé prendado de un olor característico a radio, sí, porque la radio tiene un olor. Aunque cambie de edificio, el olor a cintas magnetofónicas, a lugares herméticos que escapan de los ruidos, a gente laboriosa y capaz siempre está allí. Un olor que se entremezcla con sonidos, también propios de la radio, como el chirriar de las cintas entre las manos diestras de los sonidistas analógicos, el cartel “EN EL AIRE” que se viste de rojo a intervalos, cuando el micrófono capta voces que enamoran el éter y acarician los oídos.

Uno de los primeros locales donde estuvo situada la emisora. Fotos: archivo Radio Banes.

Evoco el 1983 y retumba en mi memoria el sonar veloz de las teclas de aquellas máquinas de escribir cuyo carrete corría de un lado a otro, para dejar plasmados en los papeles aquellos parlamentos de cada guión o noticia. 

Fue mi primera vez en la radio, el programa sería “Cantando y Jugando”, que dirigía Migdalia Palacios, una realizadora perfeccionista que nos hacía repetir, hasta aprender de memoria, los textos del guión, que sería en su momento un producto radial que llegaría a los destinatarios banenses, de ahí su interés por que hubiese el mínimo de errores. Después Mayito, Ricardo o Roberto, el Pigüe, nos colocaban inmóviles ante el pie de micrófono y extendían sus brazos en señal de comenzamos y como por arte de magia se encendía aquella luz roja, la que hacía agitar mi corazón y formar un tsunami sanguíneo en mis arterias.

El autor de la crónica (tercero de izquierda a derecha) junto a figuras de la radio en Banes

Tras muchas horas de grabación, los cinco aprendices de locutores: Katia, Alejandro, Ricardito, Sonia y yo, terminábamos el intenso programa que nos daría media hora de felicidad al llegar el domingo.

Así de complicado, como bello, es el mundo de la radio. Después vinieron “Comando 90”, el “Noti-pioneril”, “Gente con swing” y uno u otro vínculo con la radio, que parecía trazar el rumbo de mi futura profesión. Hubo elogios, emociones, regaños, correctivos, zancadillas movidas por el celo profesional, y también quedaba mucho por aprender en una carrera en la que nunca terminas de formarte, pero que llegas a amar con todas tus fuerzas.

El próximo 25 de junio se cumplirán 50 años de que el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) reconociera oficialmente a Radio Banes.

Aún recuerdo gente maravillosa y querida como Mabel Remedio, Tina Aguilera, Hipólito, Ana Jardines, Adria Cristina, Maritza Mora, Avelina, Gago, Miguel Ángel, Figueredo, Bravo Murillo, Nilda, Gustavo, Alberto, gente que admiré y que al paso de los años reconozco como artífices, en alguna medida, de mi actual realización profesional.

Han pasado muchos años, ha dado vueltas la vida, y sigo aquí, percibiendo el mismo olor a radio, escuchando los sonidos que han venido desplazando el avance tecnológico, pero que también son parte de la innegable renovación. Hoy muchos de quienes aprendí en mis inicios ya no están con nosotros, pero son parte de ese altar que los agradecidos erigimos en el alma y les ofrecemos un homenaje perpetuo. Los más vitales siguen acompañándonos en el intenso bregar de hacer radio, de llegar a los oyentes, de vivir por un medio que se disuelve en el aire, pero cuya esencia cala profundo en el alma de esa gente imprescindible, amiga, hermana y familia, que son los oyentes.

El 25 de junio habrán sido 50 los almanaques deshojados y cientos los que hemos protagonizado cada minuto de radio en una u otra función. Es momento de evocar el recuerdo de aquella primera vez y me doy cuenta de que, aunque el tiempo ha pasado, sigo sintiendo el torrente sanguíneo agitarse ante los fuertes latidos del corazón ante cada nuevo programa, sigo creyendo en la gente buena que comparte conmigo el día a día, sigo pensando en que desde una pequeña cabina podemos llegar a tantos amigos de una vez que nos hace seguir orgullosos de ser gente de la radio, de vivir las emociones del primer día y querer dejar una impronta que prestigie el legado de quienes, en Banes, sentaron cátedra en el fascinante mundo de la radio.

Carlos Yeandro Guzmán Torno

Locutor, director de programas, banense de pura cepa, amante de las cosas buenas de la vida.

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  1. Es cierto q durante muchos años ha sido una entrega total a esa profesión, q aunq no podemos visualizar los rostros de los q la hacen posible si visualizamos sus corazones y sus ansias por complacer al oyente. Continúen así. Saludos

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