Fidel, la fuerza telúrica de la palabra


Fidel Discurso4Siervo de su pueblo y de sus doctrinas, fiel creyente en los hombres y en su capacidad para la lucha, en el sentido del honor y del deber. Inclaudicable gladiador y excelente conductor de las aspiraciones supremas del ser humano.

Hombre como nacido del sol ha dedicado 80 años de su vida, que es decir la vida misma, al perfeccionamiento de su obra con infinita fe en sus ideales y sus convicciones, para llegar a sus objetivos sin ser inconsistente en su marcha: así es Fidel Castro Ruz.

El Quijote de uniforme verde olivo, el Comandante, el guía espiritual y material de una pequeña nación que lo ama profundamente, que sabe lo que él representa, de su valía no solo para los cubanos, sino para los pueblos oprimidos del planeta.

Fue capaz de llevar al poder a las fuerzas más progresistas de su nación y de su tiempo demostrando sus habilidades como estratega de la lucha armada guerrillera y sus dotes de jefe militar, cualidades que lo habían distinguido como una persona de acción. Así lo vieron y apreciaron miles de compatriotas y latinoamericanos al triunfar la Revolución en 1959, en esos primeros momentos.

Fidel Discurso2Bastaron solamente unos pocos días para que sus compatriotas y los pueblos del continente comprendieran que el líder indiscutible que protagonizó aquel cambio social trascendental –para muchos entendidos el más importante del siglo- tenía tanta fuerza en su pensamiento como en la acción.

En cada discurso que pronunciado a partir de entonces se descubría en él el contenido y la actitud hacia esas ideas que expresaba y que enarbolaba tan apasionadamente. Su voz en ocasiones enérgica y en ocasiones apagada, tiene una tonalidad única que llena el ambiente de las grandes plazas, baja penetrando la muchedumbre, la envuelve, alcanza las fibras más sensibles del cuerpo humano y lo estremecen.

Cada discurso de Fidel constituye una fuente extraordinaria de enseñanza, de profundos y nuevos conceptos, de ideas frescas, precisas, claras entendibles; cualidades muy difíciles de encontrar todas juntas en un buen libro de texto.

Su primer discurso en la arena internacional lo pronunció a pocos meses de haber llegado al poder en la Organización de Naciones Unidas en el mes de septiembre de 1960, donde habló durante cuatro horas y 20 minutos. El más extenso oído en ese recinto desde que fue fundado. Allí fue aplaudido cerradamente en más de 30 oportunidades; y les recordó a muchas personas todo lo que deseaban ellos olvidar.

A partir de entonces el verbo afilado y atrevido de Fidel se ha escuchado centenares de veces para defender a los pobres, a los hambrientos, a los explotados, que es lo mismo decir a los derechos de los pueblos del Tercer Mundo, y de forma especial a los de América Latina y de África.

Así se ha mantenido el lenguaje de Fidel a lo largo de estos años.

Muchas personalidades de diferentes credos, religiones y niveles de inteligencia aún se cuestionan qué es lo sobrenatural que ilumina a este hombre, lo extraordinario y real maravilloso que lo rodea, que hace que su verbo salga del corazón con tanta fuerza –porque del corazón salen los buenos pensamientos- que contaminan al hombre que lo escucha, a las multitudes, en pos de un objetivo: llevar adelante los justos ideales.

Cada vocablo de Fidel, con su estilo original y exclusivo, es capa z de sacar a los endemoniados los demonios del cuerpo, iluminar a los confundidos e impregnar fuerzas a los desalentados. Con argumentos prácticamente irrebatibles y exactos su voz lleva luz a las sombras y deja más limpia y transparente la conciencia, y más despejado el horizonte.

Fidel Discurso1Cuando se quiera tener una historia minuciosa y actual, narrada con verdadera maestría, objetividad, algo romántica e idealista de los años vividos por el pueblo cubano en la construcción de su flamante sociedad, baste solamente leer la recopilación de sus discursos, extensos reportajes de cada acontecimiento realizado y protagonizado por los cubanos.

Fidel es un evangelio vivo, un conquistador de almas. Él es el primer convencido de la realidad que enarbola y de su predica, es una especie de Cristo Moderno que se gana la atención del auditorio desde sus primeras palabras y gestos, axioma a la cual ha entregado toda su vida sin resquebrajamiento o vacilación. En la medida que conversa, explica y se adentra con vehemencia en el tema y para él es mucho mayor su pasión por lo que dice, porque lo vive y lo siente, y esa actitud la trasmite a las masas ejerciendo sobre ellas una poderosa influencia, logrando enardecerlas, inquietarlas obligándolas a pensar, a reflexionar y llamándolas a la acción.

Sus principales enemigos, que han sido tradicionalmente los gobiernos de los Estados Unidos desde Eisenhower a Clinton, han gastado miles de millones de dólares a lo largo de estos 41 años para echarlo del poder por diversas vías, incluyendo su muerte, porque más que al hombre le temen a su ejemplo, a su poder de informar, a su destreza como agitador de las grandes masas, y sin embargo todos, paradójicamente, subestimaron su capacidad de predicador.

En la voz de Fidel la oratoria ha alcanzado su nivel más elevado en el arte de la palabra revolucionaria contemporánea, y su valoración está dada en la excelente comunicación que logra con el auditorio. Lo ha demostrado en Cuba en cientos de ocasiones, y en los países de América Latina que ha visitado, en los del continente africano, en los de la Europa y en los de Asia, y en cualquier parte del mundo donde ha hablado, incluso en los propios Estados Unidos, extensas muchedumbres lo han rodeado para escucharlo, aplaudirlo y apoyarlo, porque Fidel es en definitiva la voz redentora de los pueblos del Tercer Mundo, y es en todo su conjunto en ese difícil oficio: la fuerza telúrica de la palabra.

Nota: Esta visión de Fidel fue redactada y publicada en ocasión de su 80 cumpleaños

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