Boca de Samá aún guarda las huellas del terrorismo


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El tableteo de una ametralladora de un barco mercenario rompió el silencio de la madrugada del 12 de octubre de 1971 en el humilde y apacible poblado de pescadores de Boca de Samá, al norte de la provincia de Holguín, Cuba. Una lluvia de proyectiles impactaba despiadadamente contra las viviendas, ubicadas en la pequeña ensenada causando dos muertos, cuatro heridos graves y grandes destrozos. Nadie sabía lo que pasaba.

La respuesta valiente del punto de guardafronteras radicado en aquel lugar ripostó de inmediato el ataque y puso en fuga a los terroristas, que a toda máquina pusieron rumbo norte para buscar refugio protector en su guarida.

Se había producido otra agresión más al pueblo cubano. El dolor y la impotencia colmaron los corazones de los hombres y mujeres de esta región, y en prácticamente dos horas el territorio oriental estaba en pie de guerra, armado hasta los dientes para enfrentar un posible desembarco enemigo.
RECORDANDO A LAS VÍCTIMAS

12 o e 2Carlos Escalante Gómez, entonces jefe de Unidad de Tropas Guardafronteras, recuerda que esa noche realizaba el habitual recorrido de observación por el litoral junto al oficial del Ministerio del Interior Lidio Rivaflecha Galán y el auxiliar Ramón Siam Portelles cuando sintieron un extraño ruido en la tienda del poblado.

Los tres pensaron que estaban robando en ese lugar y encaminaron sus pasos hacia el establecimiento para comprobar lo que pasaba cuando disparos traicioneros cegaban en ese mismo instante la vida de Siam y Rivaflecha y causaban en Escalante ocho heridas en ambas piernas.

Segundos después, una intensa andanada de plomo, con su mensaje de muerte, cayó sobre el poblado de Boca de Samá. Estaban disparando desde el barco que apoyaba el desembarco mercenario pagado por la CIA y la mafia terrorista de Miami.

Las balas enemigas que intentaron aniquilar el patriotismo en Boca de Samá también dejaron huellas imborrables en Carlos Escalante, en el obrero agrícola Jesús Igarza Osorio y en las hermanas Aracelis y Nancy Pavón Pavón, las cuales tenían 13 y 15 años de edad, respectivamente. A esta última, luego de múltiples operaciones, tuvieron que amputarle un pie, truncando para siempre su juventud plena y el deseo nunca logrado de vestir sus zapatos de quinceañera.

Hoy, todos recordamos como un humilde poblado de pescadores al norte de la provincia Holguín despertó hace 46 años en la madrugada del 12 de octubre de 1971, bajo el fuego de proyectiles que llenaron de luto al pueblo cubano y donde aún perduran las huellas del terrorismo.12 o e 3

Esta obra artística  recuerda las víctimas del terrorismo en Boca de Samá

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