Hadas de cabellos plateados


 

1 a 3Por mucho que he buscado no encuentro un día que se les dedique a ellas, será porque en estos tiempos- donde aparecen mil excusas para aplazar la maternidad- cada vez son más difíciles de encontrar.

Hablo de las bisabuelas, esas hadas surcadas de arrugas y con el pelo de plata, de lento andar, mirada dulce y sonrisa que encierra todo el cariño del mundo.

El amor que de ellas brota se multiplica por tres, pues ya fueron madres y abuelas y están dispuestas a propiciar besos, abrazos y consejos en vez de regaños. Han visto tanto en el mundo y han pasado toda clase de trabajos y sacrificios que las han vuelto firmes, estoicas, semejantes a las columnas del portal o el baluarte que impide la entrada de algo malo a la casa.

Tienen algo de magas y hechiceras, conocen los secretos de cuanta hierba guarda el monte y el remedio eficaz para cada mal que escuchan. En su cantero aparece la ruda, el árnica y el romero y recuerdan exactamente en qué lugar estaba el árbol de manajú cuya resina saca todo el frío del interior de una herida.

Aquel pañuelo a crochet que ya perdió su tejido encuentra la solución en un hilo fino y una aguja de coser; remiendan los pantalones de hijos y nietos, y para las niñas de la familia que desean aprender a bordar o tejer ahí están sus manos, hábiles a pesar de los años, y esa voz que habla despacito y como en un susurro.

Es difícil encontrar dulces mejores que los de su cocina. El secreto es a voces: “un poquito de amor”… sí, porque no hay otro ingrediente para que los turrones de coco queden melcochados y los de maní sean unas bolas repletas de granos y con muy poca azúcar.

¿Y sus casas? Sus casas son una fiesta de antigüedades, las comadritas para sentarse, las lámparas de techo que ya no funcionan, pero eran de las tatarabuelas o fueron un regalo de bodas. Aquel vaso, único sobreviviente de una vajilla preciosa y ese plato de porcelana que da hasta miedo tocarlo porque las figuras del fondo parece que se mueven.

Los armarios son de tres puertas y de caoba, en la del medio hay un espejo donde la bisabuela se mira y parece que retrocede el tiempo.

1 a 2A veces los recuerdos se le acumulan y si uno mira al fondo de sus ojos- grises por los años- ve las escenas del “tiempo de antes”, cuando la nochebuena se celebraba con turrón de alicante y golosinas en almíbar, las que llegaban en los serones del caballo del tatarabuelo, el mismo que llevaba el año guardando los quilos “para darle el gusto a los vejigos ese día” y a rezar para que el año siguiente mejoraran las cosas.

Por eso pido al ángel protector de las bisabuelas que les conceda muchos años para que sus manos puedan bendecir a otros niños que aún les faltan por conocer y bendecir.

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