Las apariencias y el tiempo


26 d e 1

No se ve bien sino con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos. No cabe dudas que estas palabras del libro El principito rigen la vida y sentimientos de muchas personas, nos dictan que debemos ver más allá de lo visible y buscar bajo la piel los sentimientos y otras cualidades que realmente enamoran.

Pero la gente más joven dirá: “sí claro, se dice muy fácil después de los 25, 30 y hasta 40, pero ¿qué pasa cuando solo se tienen poco más de 12 y un montón de pasiones a flor de piel?”

Es cierto, muchas cosas cambian a medida que el almanaque suma años y se busca más en el interior, en los sentimientos, pero siempre nos quedan los recuerdos de esos primeros años, de la adolescencia y los complejos que muchos no logran superar.

Si fuese necesario otorgarle un adjetivo a la adolescencia, sin dudas le concedo el de cruel, y seguro que muchos coincidirán conmigo, sobre todo quienes cargaron a sus espaldas las bromas de media secundaria.

Pobre del estudiante que usara espejuelos (en aquel tiempo aún no se veían como parte de la moda), y peor aún, braquers o ganchitos que te hacen hablar extraño, aunque pensándolo bien, de estas bromas tarde o temprano se podía salir si después de un tiempo se corregían esos defectos.

Pero ¿y los demasiado altos o bajitos, muy flacos o gordos, quienes tenían demasiadas espinillas, eran tímidos de nacimiento o los que hablaban con alguna dificultad? ¿Los pecosos, las niñas de pelos encrespados en tiempos de lacios planchados? ¿Los que no sabían bailar, ni jugar pelota, ni siquiera montar bicicleta? ¿Qué pasa aún hoy con esos muchachos y muchachas?

En los difíciles tiempos de secundaria y preuniversitario, donde parece que el mundo se acaba por un grano en la nariz, o por un corte de cabello que no se hizo realidad como esperábamos, tener alguno de los supuestos defectos que les acabo de mencionar puede ser casi una sentencia de muerte social.

Estar fuera de la media, de lo que el grupo asume como aceptable, es muy difícil, incluso cruel, pero si eres capaz de sobreponerte, si eres el primero que asume como normales tus características, si te quieres a pesar de tus defectos y, sobre todo, por tus defectos, entonces, te aseguro que tienes casi la batalla ganada.

Nadie será capaz de hacerte sentir mal por demasiado tiempo. Un día te darás cuenta que las bromas son cada vez menos y al cabo de los años no sentirás la misma tristeza; es más, te confieso, y lo digo por experiencia, que serás capaz de reír cuando recuerdes esos tiempos.

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