El verdadero rostro del Zika


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Dolor de cabeza, fiebre y después rachs, esos fueron los primeros y únicos síntomas que sentí, suficientes para acudir desde el primer día del año al hospital. Como diríamos en buen cubano, un inicio de calendario bien cargadito.

Cuánto temí que fuera una de esas enfermedades que hoy se adueñan de los hogares banenses sin ser invitadas, provocadas claro está, por ese enemigo que nos acecha, pero ya con estas dolencias, el personal médico confirmó mi sospecha, tenía zika.

Entonces ya no podía regresar a mi casa porque podía trasmitir la enfermedad a mi pequeña familia y a mis vecinos. Así comencé unas “vacaciones” nada placenteras debajo de un mosquitero. Es cierto que los hospitales nada tienen que ver con hoteles 5 estrellas, pero nuestros médicos, con su preparación y gestos de cariño, hacen aliviar el dolor y también sentirte mejor e informado de tu condición.

Cada día tomaban mis signos vitales, la temperatura, muestras de sangre para conocer el estado de mis plaquetas, que bajaron notablemente, y también cómo me sentía.

Comentar sobre estos días me parece ahora una historia de ficción, pero es una realidad: mi familia lo vivió de cerca y yo también, razón por la cual solo me queda decirles que no quisiera que se repitiera en otro hogar, así que, por favor, tenga en cuenta que el autofocal, la fumigación y las medidas que orienta el personal de salud son vitales para evitar la propagación de estas enfermedades y que es mejor nunca llegar a conocer el verdadero rostro del zika.

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