El de a de veras, siempre está aquí (+ video)


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No creo que haga falta un dia del “banense ausente”. Pienso que en todos los lugares donde ese momento existe, los “... ausentes” confirman que no están. El banense que falta de casa, sabe que no está aquí. No sé si a los nacidos en otros lugares les pasa igual, pero el que deja Banes, ese mismo Banes que quizás hoy “no soporta”, se lo lleva prendido en el alma con un ansia inevitable de regreso.

Le pasará a casi todos los que salgan de sus límites, ya sea fuera o dentro de la frontera nacional. Si se van a la universidad, harán la “cofradía de los banenses”; si se mudan de ciudad, se buscarán unos a otros hasta formar casi comunidades; si recalan en otros países, las caras familiares, que huelen a Plaza Martí o al salitre de Morales, los atraerán con el magneto de la añoranza.

El banense que se marchó no solo extraña el suelo, el sol y la familia, extraña hasta la vieja chismosa del frente, la apretazón en el coche, el mediodía sofocante. Creará asideros de la memoria donde anclar los recuerdos, para no perderse en el mundo ancho y ajeno. Al fin y al cabo, solo los banenses sabrán la triste historia de la niña que salió a comprar el pan; o la de las familias rivales por muchos, muchos años; o cómo La Güira se desdobla de momento y se convierte en Salcedo, (algo que todavía yo no entiendo muy bien, porque soy de Honduras, pero eso es otra historia).

Los banenses sabemos que tenemos un parque que son cuatro parques juntos, que Panchito es mucho más que el diminutivo de Francisco, que muchas historias de amor, de suspenso, y hasta de crónica roja, han tenido lugar en el mismo escenario: “detrás de la Iglesia”, y aunque tengamos unos cuantos templos, el banense de a de veras sabe bien cuál es esa Iglesia.

Le contará a sus hijos el cuento, aprendido de los abuelos, del señor que mandó a construir el Parque Infantil, y sabrá por qué muchos, muchos de nosotros, tienen apellidos en inglés o en francés, y sangre antillana. Banes dejará de ser el lugar de nacimiento, para convertirse en la “fusión dulcísima de sueños y esperanzas”.

Por eso la cosquilla en el estómago cuando uno se acerca a la Carretera Nueva, cuando Martí nos saluda con las manos a la espalda, y el corazón se acelera frente al Hogar de Ancianos, y uno metros más adelante se desboca por la familia, por los amigos, por el aire, el olor, los recuerdos.

No hace falta un día del “banense ausente”. El banense de a de veras, siempre está aquí.

Comentarios  

#1 eloy 22-02-2018 18:22
Muy bien, Daniuska, aunque no te conozco, tus palabras me llenan de nostalgia, pues soy uno de esos que hoy por necesidad esta lejos de su pueblo, aqui trato de localizar a todos los que puedo, me dan ánimos para seguir aqui, en la capital de todos los cubanos, eso dicen, pero siempre tengo un tiempo para revisar el periódico de mi municipio, por esta via, trato de todos los meses vistar el municipio. Gracias por su escrito.
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