Che, el gran promotor de la industria cubana

Ernesto Guevara cuando ocupaba el cargo de Ministro de IndustriaNov.9 -“A la memoria del Comandante Ernesto Che Guevara, Guerrillero Heroico, por su visita a éste lugar en noviembre de 1963”. Así está inscripta esta dedicatoria en una tarja ubicada a la entrada al establecimiento  - Jesús Menéndez - , radicado en el intrincado lugar conocido por Río Seco, a unos 17 kilómetros de la ciudad de Banes, en la provincia oriental de Holguín.


Cuando nadie tembló

 

Desde La Anita, en el municipio de Banes, se disparó el cohete que derribó el avión U-2Oct.27 -Una fina llovizna caía persistente.

Volodia, acercó la mano temblorosa al botón rojo, para retirarla inmediatamente como picado por avispa. Repitió una y otra vez la acción, hasta que finalmente logró presionarlo. Un zumbido insoportable que taladraba su cabeza y una fuerte explosión, fue todo lo que sintió.

Unos días antes lo habían llamado para cumplir una misión. Recordó la larga y escabrosa travesía y los golpes constantes de las olas al chocar con el  casco del barco, que en ocasiones parecía como si un hilo invisible lo suspendiera por unos instantes para soltarlo luego a la furia del océano. Evocó su llegada al puerto, el recibimiento fraternal que le tributaron, y luego la partida a su destino. Vio rostros barbudos y enérgicos de hombres decididos, que a pesar del peligro inminente en que se encontraban llevaban una vida casi normal, alterada solamente por el movimiento ocasional de tropas y de milicianos que montados en camiones y entonando marchas de combate, se dirigían a las costas a cavar millones de metros de trincheras.

Volodia había llegado por la noche, bien tarde, a su puesto. Al amanecer y aún si reponerse del cansancio comenzó a instalar su pieza de artillería debajo de una arboleda frondosa, que le había servido de techo durante la acampada. En difíciles condiciones de campaña, allí permaneció durante largos días. Aún no se había acostumbrado al fuerte calor del trópico, a la picadura de los mosquitos, a los sonidos irreconocibles de la noche, ni a las inclemencias de un clima rebelde y benévolo como los habitantes de aquel país de Las Antillas. Sabía que se encontraba en Cuba, en la zona de La Anita, en Banes, en la provincia de Oriente, y en una nación que estaba en pie de guerra.

Esa mañana mostraba un cielo gris como si presagiara un trágico suceso. Volodia miró el calendógrafo de su reloj, marcaba el 27 de octubre de l962. Luego observó la hora; 10 de la mañana pasado l7 minutos. La suave llovizna caía en su rostro... y de pronto la orden: ¡fuego!.

Volodia, anonadado, aún apretaba el botón rojo. El segundo cohete antiaéreo partía raudo en pos del objetivo, dejando tras de sí una nube de vida y de muerte, y segundos después se precipitaba despedazado el avión espía U-2 que violó el espacio aéreo. La Crisis de Octubre alcanzó su momento más dramático. El mundo quedó en vilo.

SE DURMIÓ BIEN AQUELLA NOCHE

El fracaso de la invasión a Playa Girón que sufrió el gobierno de los Estados Unidos fue lo que originaron las medidas que dieron lugar a la crisis de Octubre. La amenaza de una agresión directa por parte del gobierno norteamericano, pendía sobre el pueblo cubano como espada de Damócles. Los vuelos a baja altura de la aviación enemiga se habían incrementado desproporcionadamente en los días finales de octubre, de forma provocadora.

 El  Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, en la entrevista concedida al periodista italiano Gianni Miná,  en su libro Un encuentro con Fidel, expresó al abordar el tema: “ Nosotros planteamos nuestro criterio a los responsables de las unidades soviéticas que estaban aquí, que creíamos que no se debía permitir el vuelo rasante porque eso facilitaba un ataque por sorpresa. Y tomamos la decisión y les informamos que íbamos a disparar; y, efectivamente abrimos fuego al día siguiente sobre todo lo que vino a volar  rasante por aquí.

“Fue en esa circunstancia cuando una de las batearías de cohetes antiaéreos en la provincia de Oriente dispara y derriba un U-2. La situación llegó a la máxima tensión porque de hecho se estaba combatiendo”.

 El país estaba en pie de guerra. Las tropas soviéticas destacadas en la zona de La Anita, intrincado lugar del municipio Banes, fueron las protagonistas del derribo del avión. Se afirma que esta fue la primera zona del país donde se emplazó la cohetería tierra-aire SA-75, misiles que tenían un alcance de 23 mil metros de altura. Unos días antes ya se habían instalado en la zona de Jagüeyes de Mulas, próximos a la costa y no muy distante de La Anita, una base de Sopkas cohetes tierra-mar  cuyo potencial de fuego dominaba el canal viejo de Las Bahamas, en previsión de un desembarco enemigo.

Los aviones U-2 eran diseñados y construidos por la Lockheed Aircraft Corporation de California, y pesaban alrededor de 7 mil 200 kilogramos. Podían volar a una altura superior a los 20 mil metros, a una velocidad de 800 kilómetros por hora impulsado por dos motores a propulsión. Portaban 15 cámaras infrarrojas capaces de fotografiar hasta la más pequeña porción de suelo.

El primero de estos aparatos fue derribado por la defensa antiaérea de la República Popular China cuando realizaba acciones de espionaje. El segundo  fue abatido en las profundidades del territorio de la Unión Soviética el 1 de mayo de l960. El tercero volaba sobre el territorio cubano en misión provocadora a 22 mil metros cuando fue alcanzado por la batería soviética.

Se puede afirmar categóricamente que este acontecimiento alarmó a la gente, pero aún me impresiona al rememorarlo, la sangre fría demostrada por el pueblo, su confianza total en sí mismo. La palabra “guerra” estaba de moda en esos días, y en realidad, entre uno y otro comentario, se durmió bien aquella noche.

ESTOS SON EXTRANJEROS

Alejandro Pupo Quevedo, recordó aquellos momentos amargos cuando casi se desata una guerra nuclear. Su vivienda, ubicada en el barrio de La Anita, estaba muy próxima a la base soviética de cohetes antiaéreos cuyo acceso era rigurosamente limitado. 

“Un día en que yo estaba en el monte cortando leña  –comenzó su relato- al regresar me llamó la atención un yipi estacionado prácticamente en medio de la manigua. Saludé a las personas paradas junto al carro, pero me contestaron en una lengua extraña, y me dije: ¡Caray!, estos son extranjeros...

“Como a los siete u ocho día comenzaron a llegar una enorme cantidad de máquinas y carros forrados. Era de todo tipo. Yo estaba de guardia en el pequeño cuartel de la milicia y nos pidieron ayuda para descargar los equipos y grandes cantidades de armas. Fue así cómo me enteré que eran soldados soviéticos.

“Se internaron en el monte y comenzaron a trabajar, pero nadie por aquí sabían lo que estaban haciendo... ni de noche paraba el ruido de los motores de las máquinas. Pasado un tiempo, muy corto por cierto, vinieron unas enormes rastras, todas tapadas, y para nosotros aquello era un misterio. No sabíamos lo que traían y, además, allí nadie podía entrar. Ya todo estaba bien cercado.

“Desde mi casa yo veía escondidos dentro de la alta maleza unos carros que parecían tanques de guerra y cuando daban alguna alarma comenzaban a levantarse unas puntas que se movían para cualquier lugar, pero como la mayor parte de las veces estaban escondidas, nosotros le decíamos –las guanajas echás-.

“En la mañana del 27 de octubre de 1962, yo estaba de guardia con mi hermano en el embarcadero de Río Seco. Caía un tremendo aguacero y cuidábamos una ametralladora instalada allí. De pronto sentimos una gran explosión y mi hermano me dijo: - qué trueno más raro ese -  ... y era que le habían zumbado al avión. Después me enteré que mi papá cuidaba en esos momentos los bueyes en la finquita y cuando escuchó el estampido salió corriendo para la casa gritando: ¡Nos están tirando los americanos!”

COMENCÉ A PERSEGUIRLOS

“Cuando sentí el estampido, miré al cielo y vi que el avión venía pa’bajo encendido y dando vueltas. Entonces digo: ¿qué es lo que pasa?. Yo pensé que se estaban tirando paracaidistas y comencé a perseguirlos, hasta que me di cuenta que eran pedazos del avión”. Así comenzó a explicarnos Abelardo Guerra Cruz, mientras nos señalaba para el lugar donde cayó el avión espía derribado, en Veguita Tres.

“Corrí para el lugar y cuando llegué ya habían alrededor del aparato unas cuarenta personas del barrio curioseando. Pensé enseguida que podía traer bombas y le grité a los vecinos que se alejaran. Luego me dirigí al lugar donde cayó el piloto, a unos 80 o 90 metros, en medio de un cañaveral. Tenía una mano abierta y en ella una herida. La cola del avión cayó próxima a Macabí.

“Cuando llegaron de la Comandancia, mandaron a desalojar el barrio completo, y allí donde estaba el avión, los soviéticos con la ayuda de los cubanos sembraron cientos de matas de plátanos traídas de un platanal que había cerca, con el objetivo, según escuché decir, de que no lo vieran desde arriba si pasaba otro avión.

“Allí permaneció durante dos días, hasta que se lo llevaron en una plancha por ferrocarril, porque los caminos estaban muy malos y había mucho fango. El cadáver del piloto si lo recogieron inmediatamente, creo que para entregárselo a los americanos”.

VORONKOV: ¿EL HOMBRE QUE DIO LA ORDE DE FUEGO?

Al Teniente General Gueorgi Alekseevich Voronkov, lo conocí personalmente, sin embargo no supe quien era hasta 23 años después. Yo residía frente a su apartamento en el reparto Reforma Urbana en la ciudad de Banes. Llegaba ocasionalmente temprano en la mañana en un helicóptero que tenía como campo de aterrizaje una pequeña área deportiva de la escuela Dionisio San Román, y luego se trasladaba a pie hasta su domicilio, distante unos 500 metros del lugar. Allí él pasaba uno o dos días con otros compañeros. Nadie podía imaginarse que eran militares, siempre vestían de civil. En ese corto trayecto lo acosábamos pidiéndole fósforos algunos, y otros, cigarros. La comunicación la establecíamos por señas. Él comprendía perfectamente nuestras intenciones, nos pasaba la mano por la cabeza cariñosamente y  regalaba su caja de cerillos, pero jamás ofreció un cigarro.

En l986, en ocasión de conmemorarse el 25 aniversario de la Crisis de Octubre, Voronkov visitó la zona de La Anita. Allí recordó cuando se desempeñaba en l962 como comandante de una de las divisiones coheteriles antiaéreas emplazadas en Cuba. Su Estado Mayor radicaba en la provincia de Camagüey. Su misión era proteger el espacio aéreo de la zona oriental del país, desde Santa Clara hasta Santiago de Cuba, para lo cual contaba con tres regimientos de misiles a reacción.

Este General ya retirado y con una avanzada edad mantenía la expresión afable de siempre. Su cabellera, diezmada por la calvicie pronunciada, era blanca como el algodón; y en su rostro se apreciaban, a golpe de vista, profundas arrugas. Se destacaba en él sus brillantes ojos de penetrante mirada.

Recordó aquel instante decisivo, donde no quedaba otra alternativa. Contó cuando le comunicaron a la Comandancia que un avión había entrado a gran altura en el espacio aéreo de Cuba y esperaban por su orden para efectuar el disparo.

 Para él fue un momento difícil – relató -. Podía con su mandato desatar la Tercera Guerra Mundial. Su experiencia de militar y combatiente de la Gran Guerra Patria, así se lo decía. Pero el riesgo era aún mayor, la amenaza nuclear ahora estaba presente.

“Fue sorprendente –añadió- no había terminado de dar la orden de fuego, y ya me informaban que el objetivo enemigo estaba derribado. La tensión alcazaba su punto máximo. Pero todo continuó normal. Cesaron de inmediato los vuelos sobre el territorio cubano”.

RUDOLF ANDERSON

El piloto norteamericano mayor Rudolf Anderson, Jr. tenía 35 años de edad y había cumplido otras misiones de espionaje sobre el territorio nacional, contaba además, con la experiencia de haber participado en la guerra de Corea.

En el acta de protocolo firmada en la ciudad de La Habana, el 4 de noviembre de 1962, por el Dr. Emil A. Stadelhofer, embajador de Suiza en Cuba, y el Dr. Antonio Carrillo Carreras, director del protocolo del MINREX de la República de Cuba, se expresa:

“En el momento de la entrega del cadáver, el Gobierno Revolucionario de Cuba, hace constar, por conducto del Director del Protocolo del Ministerio de Relaciones Exteriores, que dicho oficial fue muerto al invadir el espacio aéreo nacional en un avión tipo U-2, en acto ilegal y violatorio de la soberanía cubana”.

 A los cubanos nos tocó vivir una oportunidad única, enfrentar sin temor y resueltamente la amenaza de una agresión atómica durante en esos “días luminosos y tristes de la Crisis del Caribe”, como los calificara el Che en su carta de despedida. Allí junto a los milicianos, a los combatientes de las Fuerzas Armadas, a su pueblo, estaba Fidel. Y nadie tembló.


La juventud y su papel en la Crisis de Octubre

Coronel Retirado del Ministerio del Interior Oscar Larralde OteroOct. 24 - El Coronel Retirado del Ministerio del Interior Oscar Larralde Otero, era un joven que residía en el municipio de Antilla en la actual provincia de Holguín cuando la Crisis de Octubre de 1962, y en sus memorias sobre aquel acontecimiento rememora el papel que desempeñó la juventud de ese territorio durante el desarrollo de aquel acontecimiento.


“La nación en pie de guerra”

Esta es una vista del lugar donde hace 50 años estaban instaladas las baterías coheteriles soviéticas, en  la Crisis de Octubre Oct.23 -Así  tituló a media página el periódico Revolución, el 23 de octubre de 1962, la orden de alarma de combate dada por el Comandante en Jefe Fidel Casto, en horas de la tarde del día anterior, ante el peligro de la agresión dispuesta por el presidente norteamericano John F. Kennedy contra Cuba. La Crisis de Octubre o Crisis de los Misiles, como se  conoce en el mundo, iniciaba un desarrollo imprevisible.