Peregrinar por Cuba


7 d b 10

Habrá algunos, que no vivan en Cuba, que se pregunten por qué en la mañana de este jueves se llenaron las calles de hombres, mujeres y niños. Quizás muchos miren con asombro este peregrinar uniforme, que recorre la ciudad. Pero el joven cubano, que creció viendo Kangamba, Cabinda, Carabana, que miraba en la vitrina las medallas del abuelo, y le escuchó mil veces las historias de las praderas africanas, las explosiones de las bombas, las mujeres exhuberantes y las heridas, que nunca faltaron en su cuerpo, él sí sabe por qué toda Cuba despertó ayer más temprano que de costumbre. Sabe bien por qué los pioneritos se abrocharon la pañoleta y salieron a formar un cordón gigantezco, que arropara el paso de los que peregrinaban hasta el Panteón de los Mártires de los Caídos por la Defensa, en el Cementerio Norte de esta ciudad.

Y es que ha visto muchas veces a la ancianita colmada de flores, que año tras año se sienta en la tribuna, y aunque ya suman 28 diciembres, y su pelo está cada vez más cano, por sus mejillas resbala el mismo dolor de cuando recibió a su pequeño, envuelto en la bandera nacional, luego de dar su vida por los angoleños, los etíopes, los hombres y mujeres de todo el mundo. Ha visto a la hermana posar sus manos sobre la lápida con el nombre amado y morder sus labios con la rabia que no se termina, a pesar de los años.

Ha visto a los combatientes que regresaron vivos, pero marcados para toda la vida por la guerra. Y sabe que hay que estar ahí, ahí para recordarle a esa madre que no esta sola en su dolor, que de la sangre de sus hijos han brotado futuros. Para decirle a esa hermana que su dolor funda amaneceres. Para que los más niños no pierdan el camino, que recorre rutas cruentas y cada vez más distintas, pero que llevan siempre en ella el nombre de Cuba.

Y allí reunidos, hermanados bajo el Sol, es como si vieran al Titán, protegido esta vez por soldados diferentes, jóvenes de otro siglo, pero muy parecidos a él. Es que, al fin y al cabo, los buenos cubanos siempre somos y seremos los mismos.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar