Un León con piel de zorro

plaza revolucion tunasCuando faltan pocos días para conmemorar el aniversario 59 del triunfo de la Revolución Cubana, de la que el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz dijera que inició el 10 de octubre de 1868 y continúa hasta nuestro días, publicamos esta crónica que aborda una de las páginas más heróicas de nuestras gestas independentistas.


El Maceo nuestro

7 d h

El acercamiento al héroe casi siempre es en la escuela. Digo casi siempre, porque en algunas casas a los héroes se les sienta a la mesa, se les lleva a paseo, se les hace partícipe de lo que vive la familia. Pero casi siempre, es en la escuela. Y puede ser de diversas formas: puede ponerse un tema en la pizarra que diga: Antonio Maceo, el Titán de Bronce, y el maestro dictará que era “un revolucionario valiente, hijo de Mariana y Marcos, que participó en la invasión a Guantánamo, protagonizó la protesta de Baraguá”. O puede, como en mi caso, quedarse atónito ante la maestra que muestra la imagen de un Maceo que mira a un lado, y pregunta: “¿A quién mirará el General? ¿Quizás a una columna española que se acerca? ¿O a una hermosa mulata que atraviesa el campamento?”.


Peregrinar por Cuba

7 d b 10

Habrá algunos, que no vivan en Cuba, que se pregunten por qué en la mañana de este jueves se llenaron las calles de hombres, mujeres y niños. Quizás muchos miren con asombro este peregrinar uniforme, que recorre la ciudad. Pero el joven cubano, que creció viendo Kangamba, Cabinda, Carabana, que miraba en la vitrina las medallas del abuelo, y le escuchó mil veces las historias de las praderas africanas, las explosiones de las bombas, las mujeres exhuberantes y las heridas, que nunca faltaron en su cuerpo, él sí sabe por qué toda Cuba despertó ayer más temprano que de costumbre. Sabe bien por qué los pioneritos se abrocharon la pañoleta y salieron a formar un cordón gigantezco, que arropara el paso de los que peregrinaban hasta el Panteón de los Mártires de los Caídos por la Defensa, en el Cementerio Norte de esta ciudad.


Palo Seco: el día en que el agua se volvió sangre

Palo SecoComo una madrugada “fresca y deliciosa de un día sereno” describió el generalísimo Máximo Gómez el amanecer del 2 de diciembre de 1873. Sin embargo, en la noche de esa misma jornada, según recordara años después, “la luna, como una lámpara funeraria, alumbraría más de 500 cadáveres, tendidos, en fatídico desorden, maquillados por el casco de los caballos” sobre el suelo de Palo Seco.