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Conejos emponderados

Mientras los Hit Parade en Cuba intentan priorizar la música popular bailable, los géneros urbanos, sobre todo foráneos, continúan ganado un ilimitado terreno.

Este tema ha sido ampliamente debatido desde que surgió el polémico Reguetón, pero los géneros han sufrido mutaciones complejas y el resultado ha devenido en una suerte de fusión denominada géneros urbanos. Este término engloba de una manera más completa a todo lo relacionado con la música reguetón, trap, electrónica, pop, entre otros estilos juntos por un mismo producto musical.

Los más jóvenes, pre adolecentes y adolescentes en su mayoría, así como una gran cantidad de adultos, prefieren cada vez más los sonidos o balbuceos de un Bad Buny o un Anuel, así como los cubanos Chocolate y Yomil y el Dany, por solo mencionar algunos de los más “ilustres”. Todos poseen un producto y una imagen bastante peculiar, aunque hay que tener en cuenta que salirse de lo convencionalmente establecido ha sido intención de casi cada generación, pero siempre con propuestas que aporten estética y conceptualmente hablando, que no es el caso.

Mientras medidores y promotores musicales como Lucas o el Cubadisco muestran una lista que propone como lo más pegado a Leonis Torres, Los Ángeles, Diana Fuentes, Diván, Orichas y Gente de Zona, todos con una oferta musical fresca, bailable, y sobre todo digna, las pistas de la mayoría de los muchachos y muchachas cubanas solo reproducen lo extranjero, sinónimo de comportamientos, frases e imágenes inapropiadas y que inevitablemente son repetidas a diario como parte de la jerga popular.

El patrón de comportamiento a lo Bad Bunny, por ejemplo, afecta también lo estético. Puedes tropezar con varias imitaciones con solo doblar la esquina, los “clones” son fáciles de identificar: cabello rapado y teñido, gafas diminutas en las formas más inesperadas, sin hablar del vestuario que va desde lo anacrónico a lo bufo.

Pero lo estético es casi siempre intrascendente y no necesariamente afecta el contexto, el problema está cuando sí trasciende. Por ejemplo, en las redes sociales se ha visto modificado el lenguaje: hashtag y simbologías insólitas procedentes de una forma de comunicación encriptada abundan por toda la red. Caracteres casi egipcios conforman los titulares de las fotos, donde las chicas son bebecitas despechadas y los chicos conejos empoderados.

Las faltas ortográficas son comunes, pasan desapercibidas como muestra de rebeldía, en el mejor de los casos, y de manera alarmante, la lengua española y la mentalidad van en detrimento.  

Parece apocalíptica la predicción teniendo en cuenta que es solo música, son solo tendencias, y como tal pasarán de moda, pero si todavía hoy escuchamos los transgresores estilos de los setenta del pasado siglo, las reflexiones románticas, filosóficas, desesperanzadoras de los ochenta, ¿por qué no puede llegar para quedarse asunciones como “baby, la vida es un ciclo, y lo no sirve yo no lo reciclo…”?

Así suenan las declaraciones del 2019, así piensa parte de esta generación, ojalá estos temas sean tan intrascendentes como fútiles sus representantes, ojalá algo o alguien de procedencia “celestial” nos salve de un futuro con ese telón musical de fondo.  

Karen Rodriguez Castellanos

Licenciada en Historia del Arte y periodista en la Emisora Radio Banes. Defensora del derecho animal y amante del buen cine.

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