Nicaragua: Una nación bajo asedio


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Nicaragua vive días tristes de violencia y desestabilización. Son frecuentes las alertas de que un proceso de golpe suave está en marcha, aunque ya esta definición no es aplicable a lo que ocurre, pues donde han muerto más de dos centenares de seres humanos, no puede ser calificado de esa manera.

La derecha y otras fuerzas que provienen del norte, siempre al acecho y esperando la más mínima oportunidad para lanzarse sobre los gobiernos y movimientos de izquierda del continente, aprovecharon la promulgación de dos resoluciones de reformas a la seguridad social de interés para sectores vulnerables como los pensionados y los trabajadores que junto al resto del pueblo no recibieron una adecuada información, para mover sus influencias internas, manipular y empujar al país a la crisis que hoy lo desgarra.

A pesar de que el gobierno dio marcha atrás a las resoluciones, lejos de desaparecer, la tensión se incrementó; apareció la violencia acompañada de acusaciones de hipotéticos fraudes electorales, presunto actuar impune de la policía, supuestas muertes sin explicación de campesinos opositores, etc., y como parte importante de la campaña la exigencia de adelantar las elecciones.

Saben los enemigos de la revolución sandinista que han logrado hacerla pagar un costo político que indiscutiblemente ha mermado su respaldo popular, por eso ese reclamo. Pero los herederos del general de hombres libres ya conocen las consecuencias de dejarse arrastrar por esas exigencias y esta vez estoy seguro no se dejarán embaucar.

La CIA y las instituciones norteamericanas cuyo “objeto social” es subvertir el orden interno y propiciar el derrocamiento de los gobiernos de izquierda están jugando un papel fundamental en el desarrollo y acrecentamiento de la crisis. Son junto a la derecha apátrida los responsables de ella.

Crear capacidades de influencia dentro de los gobiernos y movimientos de izquierda para conducirlos a errores que los aparten de sus bases populares y los hagan vulnerables es una de sus prioridades.

En este caso resulta difícil creer que funestas influencias no sean las responsables directas o indirectas de promover las controvertidas reformas y de la abstención en la OEA frente a una resolución contra Venezuela; son demasiado paradójicas estas decisiones con las tradicionales posiciones del gobierno nicaragüense.

Incrementar la polarización de la sociedad y la fragmentación de las fuerzas que apoyan al gobierno sandinista, así como obtener un mayor control de los acontecimientos para crear una situación de ingobernabilidad que provoque la caída de Daniel Ortega, es parte del plan.

Al unísono como apoyo y parte importante del golpe, emplean la denominada “Guerra de Cuarta Generación”, en la que son ejecutadas acciones de influencia psicológica, a través de los medios privados nacionales y los internacionales al servicio de los intereses del gran capital.

Las matrices de opinión que se fabrican están dirigidas a complementar y acrecentar el impacto de las medidas que se ejecutan en el escenario físico, principalmente las que se desarrollan para fomentar estados de irritación, la desconfianza y el rechazo hacia el gobierno, mientras proyectan hacia lo externo mensajes que responsabilizan a los sandinistas con la crisis y por lo tanto con las muertes ocurridas a causa de ella, buscando su aislamiento internacional.

Ese es el escenario en el que se mueven importantes actores como la jerarquía eclesiástica, el empresariado, la oposición y los fantasmagóricos colaboradores y oficiales encubiertos de los servicios secretos norteamericanos. En medio de todo, el pueblo sometido a una cruel guerra mediática que lo desorienta y le sitúa delante una imagen distorsionada de la realidad, llevándolo a poner la mayoría de los muertos.

Este modelo de actuación no es nuevo, ya ha sido aplicado en países del antiguo campo socialista y en varios de nuestra región como Venezuela y Bolivia y aun cuando no han conseguido el objetivo supremo de lograr derrocar los gobiernos en esas naciones, si han promovido situaciones de inestabilidad que han costado vidas a los pueblos de esos países.

No se puede dejar solo al pueblo nicaragüense. Si la derecha se une contra la izquierda teniendo como único y perdurable factor aglutinante el dinero, por qué la izquierda cuyas raíces se han aferrado siempre a la condición humana y la concepción ética de la prevalencia del ser sobre el tener, no puede unirse para enfrentar la soberbia que les viene a esas fuerzas de los más deleznables instintos que sobreviven en los hombres.

Escucha izquierda latinoamericana la alerta de Neruda en su poema “Morazán”

Alta es la noche y Morazán vigila

Ya viene el tigre enarbolando un hacha.

Vienen a devorarte las entrañas

Vienen a dividir la estrella

Vienen a devorarte las entrañas.

Vienen a dividir la estrella

Vienen

pequeña América olorosa,

a clavarte en la cruz, a desollarte,

a tumbar el metal de tu bandera.

Y responde a las apetencias imperiales con Darío y su poema “A Roosevelt”, no importa que hoy el presidente yanqui sea otro, todos son iguales. Dejo al poeta hablar.

Se necesitaría, Roosevelt, ser Dios mismo,

el Riflero terrible y el fuerte Cazador,

para poder tenernos en vuestras férreas garras.

Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!

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