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El desesperado rumor de las aguas

Puente sobre el río Banes. Foto tomada de Internet.

Los ríos que atraviesan esta ciudad son cortos e intermitentes, pero son los nuestros.

Junto a grandes ríos se florecieron grandes civilizaciones y ciudades famosas. Por ejemplo: Mesopotamia tuvo al Tígris y al Eufrates; Egipto, al Nilo; Roma, al Tíber; Inglaterra, al Támesis; París, al Sena.

En un río se bañó Heráclito, filósofo de una ciudad griega llamada Efeso, para sentenciar que nadie se baña dos veces en la misma corriente de agua. Nacía así la dialéctica.

Civilización. Dialéctica. Quién pudiera pensar que estos dos términos pudieran tener tan natural y fresco común denominador.

Estos caudales también se me antojan símbolos de la esperanza renovada, esa que no se percibe, tan solo se presiente, igual que no podemos adivinar el mar cuando tan solo estamos ante un hilo de agua dulce.

Civilización. Historia. Esperanza. En eso pienso cuando observo a nuestros Baní y Jagüeyes. Aunque cueste creerlo, figuran en un diccionario fluvial y todo, que allá por el siglo XIX, Jacobo de la Pezuela se tomó el trabajo de escribir.

Como todo buen río, trajeron consigo leyendas y mitos fluviales de fantasmas y criaturas fantásticas, como güijes y ahogados.

En todo esto pienso mientras observo el lamentable estado en el que hoy se encuentran; mientras percibo la fetidez de sus aguas junto a las que se levantó esta ciudad; ante un animal putrefacto que se descompone en su ribera.

Y pienso también en el verdadero significado de lo que estamos haciendo: contaminar nuestra historia, agredir la civilización, corromper nuestra esperanza.

A veces creo sencillamente que nos lo merecemos, porque pueden ser también espejos de nuestra conducta; ríos que no desembocan en ninguna parte porque, a fin de cuentas, nacen y mueren dentro de nosotros mismos.

Infinito y leal rumor de agua que hoy, más que nunca, clama por una segunda oportunidad.

Antonio Raúl Oliva Leyva

Cubano de a pie. Amante de las artes y los deportes.

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  1. Entonces me llegan estas fotos de golpe, e inesperadamente me siento nostálgico, de mi Banes cercano y distante, con su hermosa decadencia, con su belleza atemporal “extraña”… he pensado en aquellos días cuando caminé sus puentes, cuando juguetee en sus ríos, cuando no pensaba en regresar a ellos a través de unas fotos.
    Gracias por este trabajo, más que educativo lo observo certero por sus fotos, tanto que me ha regresado a mis años de joven periodista en esa radio que cumple sus 50 años, me han entrado ganas de regresar a su cabina de grabaciones, a su redacción y colaborar un día, en esa que fue mi primera casa, antes que las revistas, los canales o la parafernalia periodística.
    Un abrazo sincero de quien una vez fue parte de esa familia radiofónica…
    Gustavo Sánchez

    Un abrazo sincero de quien una vez fue parte de esa familia radiofónica…
    Gustavo Sánchez

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