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Entre el respeto y la felicidad

“Para los niños trabajamos, porque los niños son los que saben querer, porque los niños son la esperanza del mundo”.

José Martí.

Carlos tiene 5 años. Sus padres no lo dejan jugar con otros niños y permanece casi todo el día frente al televisor. Amanda tiene 7 años y siempre que quiere hablar sobre algo la mandan a callar con el argumento de que es muy pequeña para que esté opinando sobre todo. Enrique es un escolar que hace muchas preguntas pero sus padres siempre le niegan las respuestas porque dicen que es muy chiquito para aprender.

Estos tres niños, Carlos, Amanda y Enrique, tienen algo en común: sus padres están violando sus derechos. Sí, derechos, porque algunos padres y otros adultos consideran que los infantes solo tienen deberes, pero existe la Convención sobre los derechos del niño, que se deriva de los principios expresados en la Carta de Derechos Humanos y que reconoce los derechos humanos de los niñas y niños de todo el mundo.

Cuba firmó esta Convención el 26 de enero de 1990 y la ratificó en 1991. La protección a la infancia y la adolescencia en nuestro país se rige por el principio que dice que no hay nada más importante que un niño o niña y así se reconoce en nuestra Constitución, que fue aprobada el pasado 10 de abril.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez es una muestra de cómo la Revolución tiene en los infantes una de sus razones de ser. Fotos tomadas de Internet. 

Uno de los derechos más importantes de los niños es el juego. Primero aparece el juego de roles en los que el menor reproduce las actividades de los adultos y más tarde el juego de reglas. En ambos casos, el niño tiene la oportunidad de socializar sus experiencias, adquirir recursos para  relacionarse mejor, aprender a comportarse a través de las normas que dicta la sociedad y formar su personalidad.  

Los niños tienen derecho a expresarse y ser tomados en cuenta. A la hora de tomar decisiones importantes en la familia, su criterio también hay que tomarlo en cuenta pues en muchas ocasiones son los más afectados ante una crisis en el hogar. No es lo mismo decirle al pequeño que para hablar debe pedir permiso a prohibirle que se exprese.

En ocasiones los padres no les responden a los niños las preguntas que realizan. Cada pregunta lleva un respuesta y si el infante pregunta es porque quiere saber, porque está descubriendo el mundo que le rodea y eso es parte de su aprendizaje. Por lo que no responderle o hacerlo de forma inadecuada constituye una violación a sus derechos. Si no conoces la respuesta puedes informarte para luego explicarle, pero nunca debes responderle con errores o dejarlo insatisfecho ante su necesidad de conocimiento.

Otra de las formas en que más se violan los derechos de los niños es cuando se maltratan física o psicológicamente. Los golpes no enseñan, pueden generar miedo, pero no respeto. Cuando utilizas palabras ofensivas hacia un menor lastimas su amor propio y comienzas a dejarle huellas que ni el tiempo podrá borrar. No es igual decirle a un niño que estás bravo con él por ser desobediente a decirle que no lo quieres.  El amor hacia ellos debe ser incondicional, no dependiente de sus comportamientos. 

Los niños tienen derecho a desarrollar sus capacidades a partir de sus intereses, no los de los padres. Tienen derecho a tener un hogar donde prime el cariño, la armonía y el amor. Tienen derecho a ser protegidos del peligro, a ser alimentados y cuidados. Tienen derecho a la educación y a la salud.

A los niños hay que considerarlos ciudadanos del presente y respetarles sus derechos, así garantizamos no solo su felicidad sino que sean personas de bien en el futuro.

Rolando Limonta Blázquez

Rolando Limonta Blázquez: Licenciado en Psicología, adepto a la cultura en sus diversas formas de expresión.

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