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Aidita o el verdadero rostro de la dulzura


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Cuando le pregunté a sus alumnos de cuarto y sexto año de medicina por ella, muchos me sonrieron de forma cómplice y compartieron conmigo estas opiniones.
“La profe Aidita es una mujer muy afable, comprensiva, pero no por eso deja de ser exigente como docente y profesional de la medicina”, así me contestó uno de sus alumnos de cuarto año de medicina que cursa estudios en la Filial de Ciencias Médicas "Urselia Díaz Báez", de este municipio.


Para la doctora Aliagna, las huellas que ha dejado la “profe” Aidita en ella la hicieron decidirse por la especialización en Pediatría. Actualmente es médico residente en el Hospital Materno-Infantil Doctor Luis Mario Cruz y, según expresa, todos los días aprende algo nuevo de su mentora.

“La profesores nos ha mostrado un camino emprendedor hacia la Pediatría, haciéndonos partícipes cada día del amor y el cariño hacia cada bebé. Ella siempre nos dice que un médico, y sobre todo un pediatra, nunca debe dejar de estudiar, que es muy importante tener en nuestras manos todo el conocimiento posible y, sobre todo, atender con buena cara a cualquier paciente, aunque hayamos salido de dos días seguidos de guardia y alguien nos detenga en el hospital o la casa para que atendamos a cualquier niño enfermo”.

Aidita, la pediatra, es muy querida por colegas, pacientes y sus estudiantes de medicina y enfermería. Ella es especialista en primer grado de Pediatría, Máster en Atención Integral al Niño y profesora auxiliar de la Filial Universitaria de Ciencias Médicas Martha Ramos Mojarrieta, se desempeña además como Jefa de la Sala de Pediatría del Hospital Materno-Infantil.

Ella no solo destaca por sus conocimientos, sino también por su sencillez y su amor profundo por la medicina, y en especial por la Pediatría, pues siendo niña jugaba a ser doctora con sus muñecas, definiendo conscientemente su futuro profesional.

“Escogí la carrera de medicina porque es una bella profesión, desde pequeña siempre pensé en lo hermoso que sería salvar vidas humanas y contribuir así a la salud del pueblo. La vocación por la Pediatría la tuve siempre, para mí nada es más importante que un niño. Es muy reconfortante ver la mirada sincera de un niño, su sonrisa o la expresión de alegría en el rostro de una madre al ver a su niño curado, eso es una sensación que no puedo describir cuando tengo la satisfacción de decir que he curado a ese niño y lo veo salir sano y fuerte de nuestro hospital”.

Aidita posee 33 años de experiencia en el ejercicio de la medicina y 23 de ellos los ha dedicado a la Pediatría. Manifiesta sentirse regocijada cuando sus pacientes se acercan a ella, ya sea en la calle o en el hospital, para agradecerle por haberle salvado la vida a sus hijos.
Pero no sólo en la parte asistencial se siente realizada; como pedagoga ha tenido la posibilidad de formar a estudiantes dentro y fuera del territorio nacional.

“Cumplí misión internacionalista en Venezuela, específicamente en el estado opositor de Bolívar, en la parroquia de Santa Elena de Bairén, que es frontera con Brasil. Se me encomendó la tarea de ser profesora docente durante un año. Formé a estudiantes de varios países del mundo, no sólo venezolanos, sino también colombianos de Puerto Rico y brasileños.”

3 d 1“A todos ellos les inculqué el valor humanista y solidario de la medicina cubana, que para muchos de ellos era totalmente desconocido. Ví morir a muchos pacientes por no poder pagar su tratamiento y a otros porque no tenían a su disposición los medicamentos que necesitaban y podían salvarlos. Lo más triste para mí fue ver cómo un niño fallecía porque sus padres no tenían el poder adquisitivo para transportarlo a otro centro hospitalario que tenía los recursos y el equipamiento técnico necesario para atenderlo debido a la patología que poseía. En Santa Elena de Bairén vi enfermedades que en Cuba no existen, como es el paludismo, el dengue en sus formas graves, que no estamos acostumbrados a tratar, y enfermedades infecto-contagiosas como la tuberculosis”.

Aidita procede de una familia humilde, gracias a la voluntad del Estado cubano tuvo la posibilidad de estudiar medicina y formarse como Pediatra. Todos los días les enseña a sus alumnos que la medicina es una profesión de sacrificio, entrega, vocación y mucho amor: “Para los médicos no hay descanso, mientras otros están con sus familias o en una fiesta, nosotros estamos salvando vidas o siempre con un libro en la mano, regalamos esperanza y la oportunidad de vivir”.

Fotos de la autora.

Comentarios  

#1 kary 06-12-2017 19:13
Muy bella profesión en manos de una doctora con muchas cualidades, sincera, amable y profesional ante todo, muchas felicidades.
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#2 Luis Pérez Zayas 11-12-2017 18:58
No caben dudas de que es una profesional como pocas y me consta que lo hace de corazón y no lo digo porque sea mi esposa, pero puedo ver en la casa como le da seguimiento a cada niño que remite para el hospital provincial y cuando le dan el alta hasta los visita a su casa, como ella hay pocos por eso la felicito
con todo amor Güicho
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