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En esos ratos que uno dedica a revisar documentos encontré un ejemplar del semanario Antorcha, un periódico local fundado en 1964 del pasado siglo en la antigua región Banes-Antilla, al norte del oriente cubano, donde inicié la actividad de corresponsal voluntario junto al equipo de esa publicación en 1970, con 18 años de edad. Creo que esta es una buena historia para contar en el marco de la Jornada de la prensa cubana.

Acababa de concluir la zafra de los 10 millones y prevalecía por todas partes la consigna de “Convertir el revés en Victoria”. Y en las anécdotas que escuché por esos días de los propios trabajadores, ellos habían terminado una labor difícil, editar el semanario desde Los Pinos, lugar intrincado donde radicaba el puesto de mando de la agricultura en este territorio.

Cristina Aguilera Atencio, decana de los periodistas banenses.

En la modesta redacción que tenía el periódico, un pequeño cuarto bien ventilado dentro del taller espacioso que existía, había una sola máquina de escribir antigua -la cual manejaba con increíble destreza la periodista Cristina Aguilera Atencio-, un buró que se utilizaba como mesa y un taburete de asiento.

Conocí la historia de ese medio informativo que se convirtió en breve tiempo en el órgano de la Revolución en la región Banes-Antilla. Su contenido versaba sobre aspectos económicos, políticos y sociales de un amplio territorio y su objetivo estaba encaminado a destacar la obra de los trabajadores y los beneficios sociales que recibían.

Banes y Antilla tenían el privilegio de tener este periódico, que no existía en muchas partes del país, para trasmitir a la población y a los trabajadores las ideas revolucionarias que se enarbolaban en aquellos momentos; era un arma para crear la conciencia política indispensable en ese tiempo cargado de enormes confusiones.

Un exiguo equipo de redacción laboraba con gran dedicación durante toda una semana para que el semanario viera la luz cada sábado, en una edición que abarcaba unos mil 500 ejemplares distribuidos gratuitamente a la población y a todas las instituciones del país.

Todo el acontecer social del territorio se publicaba en sus páginas, tanto culturales como históricas, convirtiéndose en la voz predominante de la localidad, con un gran prestigio por enfocar los hechos desde la realidad.

La publicación fomentó un fuerte movimiento de corresponsales voluntarios, que recibían mensualmente preparación en redacción periodística, y abarcaba todos los centros laborales del territorio, las organizaciones de masas y la Unión de Jóvenes Comunistas. Llegó el momento de tener en plantilla a más de mil 500 corresponsales.

Viendo cómo se preparaba la edición del periódico, recordaba a Gutenberg: todo era manual. Cada texto se confeccionaba letra a letra hasta llenar las cuatro páginas que se imprimían hoja por hoja en igual número de golpes de máquina y se repartía en los municipios de Deleite, Los Ángeles, Samá, Tacajó, Antilla y Banes, o sea un extenso territorio.

Por su experiencia en el trabajo profesional y el prestigio alcanzado por el semanario, Cristina Aguilera convirtió al mismo, a petición de organismos superiores, como la Unión de Periodistas de Cuba en la provincia, en una escuela formadora de periodistas. Y aquí se integraron a esa humilde profesión Elson Concepción, Ángel Quintana, Carlos Sanabria, Paquita Armas, Alfredo Carralero, Gustavo Aguilera, Orlando Fombellida, Reynerio Suárez y Heriberto Monteagud, entre otros, muchos de los cuales aún ejercen la profesión.

Héctor Sarmiento, único fotógrafo desde sus inicios, le imprimió a su trabajo el amor necesario para llevarla a planos estelares y fue el autor de los testimonios gráficos del ataque terrorista en Boca de Samá, en 1971, lugar al cual llegó primero y captó las dolorosas imágenes, las cuales fueron publicadas en Antorcha y por diversos medios de prensa nacionales e internacionales.

Los mercenarios que atacaron Boca de Samá, el 12 de octubre de 1971, se llevaron una publicación de Antorcha como prueba de que habían estado ahí, el ejemplar pertenecía a Héctor Villa, práctico del puerto, que había guardado con mucho celo porque aparecía su foto en primera plana y lo tenía de recuerdo.

Los miembros de ese comando de Alfa 66 tenían razón para secuestrar el reportaje donde el periodista Jorge Velázquez Ramayo denunciaba las condiciones de miseria en la que estaba sumido este poblado antes del triunfo de la Revolución, cuando escribió: “Las ruinas de confortables casas de antaño guardan entre sus muros y cimientos su muda historia de un pasado de injusticias y explotación por compañías fruteras y colonos de la zona”.

Durante alrededor de 13 años duró la publicación, la cual tiene el mérito de que fue la continuidad de una vasta tradición periodística que acompaña la historia de Banes desde su fundación como municipio, y que alcanzó planos estelares en etapas y momentos determinados con los periódicos El Pueblo y La Verdad de Banes.

El semanario Antorcha constituyó una fragua de periodistas revolucionarios y dio sentido a un periodismo vinculado con el entorno, con su gente, con la tradición y que se parecía a la localidad.

La cercanía geográfica y de espacio le permitió destacar el acontecer cotidiano de una comunidad y grupo de comunidades, que vieron publicados en ella sus propios intereses. Además, se convirtió en un medio muy efectivo para persuadir, con su propio estilo y lenguaje, y a su vez convencer mediante el destaque de la realidad circundante.

Antorcha, como prensa local en el campo de la información, reafirmó la identidad, desarrolló la conciencia social y mantuvo movilizada la actividad general de las comunidades hasta el año 1977, cuando se aplica la División Político Administrativa, aprobada un año antes, y surge la nueva provincia de Holguín, entre las cinco en que se multiplicó el oriente cubano.

Hoy, como continuadora de la obra que legaron las diversas publicaciones banenses, se encuentra la emisora local Radio Banes, con un colectivo joven de periodistas que llena los espacios noticiosos y reafirman la importante función de la prensa local.

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