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“Si salimos, llegamos; si llegamos, entramos; y si entramos, triunfamos”. Así había señalado Fidel antes de partir en el yate Granma a conquistar la libertad de Cuba el 25 de noviembre de 1956, desafiando los peligros de un mar embravecido.

Y un 2 de diciembre de 1956 llegó la embarcación a las costas cubanas con 82 expedicionarios dispuestos a “vencer o morir”, como escribió en su canción La Lupe el comandante Juan Almeida Bosque.

Solo habían transcurrido tres días del desembarco cuando se produjo la sorpresa de Alegría de Pío, que de hecho se convirtió en el bautismo de fuego de aquella incipiente tropa rebelde, que fue diezmada y perseguida por la soldadesca de la dictadura batistiana durante varios días.

En la noche del 18 de diciembre, en Cinco Palmas, se produce el encuentro entre Fidel y Raúl. “¿Cuántos fusiles traes?”, pregunta Fidel, a lo que Raúl responde: “Cinco”, “¡Y dos que tengo yo son siete! ¡Ahora sí ganamos la guerra!”, sentenció para la historia el Líder Histórico de la Revolución Cubana.

Sobre esa convicción, ese espíritu de victoria, ese optimismo, esa férrea voluntad de proseguir la lucha, se fomentó el Ejército Rebelde, que palmo a palmo fue ganando terreno en condiciones adversas.

Miles de cubanos fueron nutriendo en pocos meses los distintos destacamentos en la Sierra Maestra, y en esa lucha desigual contra un enemigo poderoso, más de 20 mil compatriotas perdieron sus vidas con la esperanza conquistar la victoria en esta última contienda.

Los comandantes Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara, ambos al frente de sus respectivas columnas invasoras, llevaron la guerra hasta el occidente de Cuba y libraron intensos combates en Yaguajay y Santa Clara, mientras que en el oriente se desarrollaba la exitosa batalla de Maffo.

El primero de enero de 1959 triunfa la Revolución de “los humildes, por los humildes y para los humildes”, y el 8 arriba Fidel a La Habana al frente de la Caravana de la Victoria.

En su primer discurso en la capital del país se escucharon aquellas proféticas palabras de Fidel: “…la tiranía ha sido derrocada.  La alegría es inmensa.  Y, sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañemos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante, todo sea más difícil”.

Fidel cumplía con una misión casi imposible: lograr la independencia de Cuba, en cuyo empeño habían entregado sus vidas miles de cubanos blancos, negros y mestizos en las guerras del 68 y del 95.

Por eso decimos que de Céspedes a Fidel solo ha existido una sola Revolución.

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