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Abel Romero González arribó al caserío Boca de Samá, en el municipio de Banes, al norte del oriente de Cuba, en 1971, con 28 años de edad y con muchos deseos de ejercer como maestro en la escuelita del lugar y hacer realidad sus sueños de educador. “Unos meses después de mi llegada se produjo la acción terrorista y dos de mis alumnas fueron heridas, Nancy Pavón y su hermana Aracelis”.

Se refiere a la noche del 12 de octubre de 1971, hace 48 años, cuando un barco mercenario, pagado y entrenados sus tripulantes por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), con el apoyo del Gobierno de Estados Unidos y la mafia cubano americana, ametralló despiadadamente al humilde poblado de pescadores ocasionando dos muertos y 4 heridos graves.

Recuerda aquella agresión criminal que conmovió al país llenándolo de profundo dolor y que sirvió para unir más a los cubanos en su afán de llevar adelante la Revolución que Fidel les había entregado en 1959.

Los pobladores de Boca de Samá no olvidan su pasado, allí sus hijos desde siglos atrás, escribieron un pedazo de historia que tuvo sus bonazas y sus miserias, y donde hoy los residentes actuales trabajan para darle continuidad a nuevas leyendas.

Uno de esos vecinos es Carlos Escalante Gómez, que en esa fecha era jefe de Unidad de Tropas Guardafronteras, y esa noche realizaba el habitual recorrido de observación por el litoral junto al oficial del Ministerio del Interior Lidio Rivaflecha Galán y el auxiliar Ramón Siam Portelles. Sienten extraño ruido en la tienda del poblado y cuando van a comprobar lo que sucedía, disparos traicioneros cegaron, en ese mismo instante, la vida de Siam y Rivaflecha y causaban en él ocho heridas en ambas piernas.

Nancy Pavón Pavón tenía 15 años y uno de esos proyectiles le cercenó un pie, truncando sus esperanzas juveniles y llenándola de dolor para el resto de su vida al pensar que nunca pudo vestir sus zapatos de quinceañera.

Hoy Boca de Samá dejó de ser un caserío y es un bello poblado caracterizado por su humildad, sosiego, limpieza total de sus calles; áreas verdes que permanecen cuidadas y reciben el aire cargado de salitre que llega del mar constantemente; todo contrasta con el duro y firme diente de perro que bordea la ensenada y proporcionan al lugar extraordinaria belleza paisajística.

Monumento a los mártires de Boca de Samá

Existe un consultorio del Médico y la Enfermera de la Familia, el cual atiende a los residentes, una escuela primaria para unos 16 alumnos, un Museo histórico, dos restaurantes y un Círculo Social. Radican allí La Marina Marlyn, dedicada a la actividad del turismo, artesanos que venden sus productos a los visitantes que llegan a lugar de distintas partes del mundo y la actividad culinaria va floreciendo en la medida que el tiempo pasa; pero sus hijos no olvidan aquel doloroso suceso que los marcó para siempre.

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