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Arsenio Paz Quevedo, obrero agrícola de la United Fruit Company, la “Mamita Yunai” para los cubanos, residente en el poblado de Los Ángeles, una de las zonas rurales del municipio Banes, al norte del oriente de Cuba, fue uno de los miles de trabajadores que laboraban en los campos cubanos sin derecho a la vida.

Había perdido una niña en el hospital de la Compañía, radicado en la ciudad de Banes, debido a una gastroenteritis, y se le enfermó el segundo de sus hijos con la misma patología. Ante esta situación, el jefe de la finca, en gesto humanitario, autorizó el ingreso, a pesar de que aún debía la cuenta de su niña fallecida.

Los médicos recomiendan en su tratamiento ingerir leche en polvo para combatir la enfermedad, y al no tener dinero con que comprarla, Arsenio se amputó la falange del dedo índice izquierdo, y con su dedo vendado planteó al farmacéutico que le facilitara el alimento hasta que la compañía le pagase el accidente, mostrándole la mano lesionada, deuda que saldó varios días después cuando la “Yunai” lo indemnizó con 125 pesos por la falange perdida.

Casos muy parecidos fueron vividos por Juan Ávila, Roberto Mella, Juan Morera y Alfonso Remedios, entre otros cientos de trabajadores con sus testimonios del por qué aplicaban estos métodos de mutilación como la única vía de palear en una ínfima parte sus problemas económicos, contraer matrimonio, buscar asistencia para un hijo y otras necesidades.

Tal vez el caso más conmovedor lo constituyó José Reyes Expósito, conocido por Torbellino (fallecido), nombre que tomó cuando era boxeador amateur en el barrio de Los Ángeles.

La situación por la que atravesó era tan dura para él y su familia que se vio obligado a amputarse un dedo del pie y dos de la mano izquierda, y aseguraba que si no llega a triunfar la Revolución en 1959 su tamaño sería el de meñique, pues seguiría amputándose miembros para que su familia no muriera de hambre.

La miseria reinante, la falta de alimentos y las precarias situaciones de vida de los obreros agrícolas le obligaban a automutilarse como la única alternativa para recibir los beneficios de la Compañía Tropical de Seguros.

Felizmente, estas historias terminaron cuando llegó la Revolución triunfante, para entregarle el poder a los obreros y campesinos cubanos, y hoy quedan en la memoria histórica del pueblo cubano para que no se olviden jamás.

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