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Caricatura del periodista y humorista gráfico banenses (fallecido) Ángel Quintana.

Como brisa suave y refrescante llega a mi memoria las vivencias y recuerdos de los años de la década del sesenta del pasado siglo, etapa en la cual estábamos sometidos de cuerpo y alma a las miradas indiscretas, casi policíacas, de alguna que otra chaperona, cuando asistíamos a las “descarguitas” o fiestas de quince los fines de semana, después de consumir cinco días en las actividades estudiantiles.

Sí, en esos años esa especie de vigilantes por cuenta propia no le perdían ni pie ni pisada a nuestras novias, y eran más populares que la canción de moda, pues estaban presentes siempre en todos estos momentos de regocijo, y como las definió acertadamente un compañero mío: “eran un plato fuerte”.

No obstante, para los que nos tocó vivir esa “década prodigiosa” -como le llaman actualmente- constituye un verdadero privilegio, pues en estos años la música comenzó a revolucionarse de forma vertiginosa, y se implantaron patrones muy difíciles de igualar en un largo e imprevisible período.

Grupos musicales españoles como Los Mustang, Los Fórmulas V, Los Pasos, Los Brincos, Los Bravos y muchos otros invadieron nuestra radio con un sonido diferente, una forma de componer distinta, que renovó las estructuras del baile tradicional y las convirtió en casi exclusivas.

Era la época en que Los Beatles crearon obras tan famosas como: “Y la Amo”, “Yesterday” o “El llanto de mi Guitarra”, que hoy son clásicos.

Antigua radiocasetera. Foto tomada de Internet.

En estos años la electrónica se convertía en sonidos estridentes y a la vez melódicos, y nos hacían saltar como pelotas dentro de una masa sofocante de jóvenes que cantábamos casi a coro perfecto todas aquellas interpretaciones en algún que otro hogar de amigos o familiares.

Sin embargo, para poder bailar en aquellos años, además de una compañera, era esencial la música -como en toda fiesta- y si queríamos que fuera la actual, la del momento, era indispensable una grabadora. En aquellos años conseguir un equipo de esos era tan difícil como construir una nave espacial con recursos propios, pues esos medios, a los cuales se les aplicaba en esos años los últimos adelantos de la ciencia y la técnica, costaban muy caros y no existían en el mercado.

A los hermanos Rojas no les fue difícil obtener uno de esos extraordinarios aparatos, pues su padre, José Ángel Rojas, quien se dedicaba a la propaganda local, la tenía guardada hacía varios años y se la legó para que, como jóvenes al fin, pudiesen disfrutar de la música de su preferencia.

De inmediato, José y Rubén se dedicaron pacientemente a grabar sin descanso los éxitos del momento, y en poco tiempo tenían en varias cintas magnetofónicas un variado y amplio repertorio de lo más popular de la música de la época.

Parque Cárdenas en sus inicios, punto frecuente de reunión de jóvenes banenses, tradición que se mantiene hasta hoy. Foto tomada de Internet.

Yo no recuerdo otra grabadora que existiera en Banes en estos años, pero si puedo acordarme perfectamente como este equipo de los hermanos Rojas se fue popularizando, al extremo de que no existían fiestas de quince y descarguitas donde la máquina reproductora no estuviera animándolas.

Podríamos afirmar que si los años sesenta son considerados por los estudiosos de la música como: “la década de oro” o “la década prodigiosa”, en esos años la grabadora de los hermanos Rojas, que posibilitó a los jóvenes banenses bailar hasta rendirnos del cansancio, se podría denominar como “la prodigiosa grabadora de Banes”.

En resumen, fue un magnetófono fenomenal, que también hizo época, con tanta fama entre los jóvenes y adolescentes de Banes como la que tenían las propias agrupaciones de esos años.

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