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Nunca comprendí la muerte de Lennon, y después supe que nadie lo entendió tampoco. Cómo era posible que alguien quisiera asesinar a un hombre que no había hecho otra cosa que cantarle al amor, y esparcirlo por el universo. “Tres generaciones -la nuestra, la de nuestros hijos y la de nuestros nietos mayores- teníamos por primera vez la impresión de estar viviendo una catástrofe común, y por las mismas razones”, escribiría sobre el asunto el premio nobel de literatura colombiano Gabriel García Márquez.

Y es que John Winston Lennon Stanley fue un músico, multiinstrumentista y compositor británico que saltó a la fama como uno de los miembros fundadores de The Beatles, la mítica banda de rock británico que hizo época durante la década de 1960, reconocida como la más comercialmente exitosa y críticamente aclamada en la historia de la música popular.

En esa época, los hombres se dejaron crecer el cabello y la barba, las mujeres aprendieron a desnudarse con naturalidad, cambió el modo de vestir y de amar, y se inició la liberación del sexo. El responsable de todo esto -al frente de los Beatles– era John Lennon… y como dijera el escritor colombiano en un artículo: “Todo cambió entonces”.

Cuando el grupo comenzó a desintegrarse hasta su disolución a finales de los años 60, Lennon inició una carrera como solista, marcada por varios álbumes aclamados por la crítica. En 1971 se mudó a Nueva York, donde su oposición a la guerra de Vietnam dio lugar a numerosos intentos por parte del gobierno de Richard Nixon de expulsarlo del país; mientras, sus canciones fueron adoptadas como himnos por el movimiento pacifista.

En el hotel Brisas-Guardalavaca se levanta una estatua dedicada al destacado compositor.

En ese mismo año se publicó su álbum Imagine. La canción que da título al mismo se convertiría en un himno para los movimientos contra la guerra y también en su canción más famosa tras la separación de The Beatles.

El 8 de diciembre de1980 -hace 40 años- fue un día fatídico para Lennon. Faltaban unos 10 minutos para las 11 de la noche cuando recibiría 5 disparos por la espalda en la entrada del edificio del apartamento de Nueva York donde vivía.

En el hotel Brisas-Guardalavaca, en este nororiental municipio, se levanta una estatua dedicada al destacado compositor. Allí, miles de visitantes extranjeros y nacionales posan junto a él porque Lennon se inmortalizó, y el mundo se acordará de él por los siglos de los siglos porque, como nadie, supo “contagiarlo” de amor.

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