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Avenida de Cárdenas en 1927

Alguien dijo una vez: “Las vivencias de un hombre de avanzada edad tienen tanto o más valor que cualesquiera de los mejores archivos que pudieran existir”. En aquella ocasión no presté importancia al asunto y sólo me limité a tener guardado aquel enunciado en una parte de mi memoria.

Esa “máquina perfecta” que todos tenemos, denominado cerebro, fue la encarga de sacar con precisión de los “archivos del recuerdo” aquella frase que reposaba ya casi olvidada. Ello ocurrió mientras conversaba con Juan Alemany Proenza una mañana del mes de septiembre de 1988, un banense genuino que con sus 82 años de edad atesoraba en su memoria la fecha exacta de cuándo llegó la electrificación a este territorio, ubicado al norte del oriente cubano, y los sucesos que ocurrieron a lo largo de las últimas cuatro décadas, antes de 1959.

“El 20 de mayo de 1915 -relató Alemany- se inauguró en Banes la primera planta eléctrica, la cual estaba situada en la actual calle Martí, esquina A. Capdevila, cuyos dueños se nombraban Galvani y Novoa; en realidad este fue un acontecimiento histórico para la época.”

Juan Alemany Proenza

“Sucedió un hecho interesante en aquel momento -puntualizaba-, ya que el alumbrado público fue suministrado gratis por espacio de un mes por falta de presupuesto en el ayuntamiento”.

Juan Alemany Proenza, ya fallecido, trabajó por espacio de 43 años en la función de cobrador de la electricidad y conoció como nadie ese oficio.

La conversación, recuerdo, se desarrolló en el portal de su casa situada en la calle José Miguel Gómez, # 2805, también conocida por Torrenteras.

“En 1921 -describía Alemany- Galvani y Novoa se ven presionados, están al borde de la quiebra y tienen que vender sus acciones a la Compañía Eléctrica S.A. Dos años más tarde, al no contar esa entidad con los recursos suficientes y las máquinas necesarias, no pueden continuar suministrando energía a Banes, y comienza a llegar desde el central Boston, ubicado en Macabí, el fluido eléctrico.

“La yunai cobraba a cuatro centavos el kilowat a los accionistas y estos se los vendían a la población a veinte. Pasaron los años, y en 1927, los dueños no tenían las utilidades que necesitaban y acordaron venderle de nuevo a Carlos Galvani la planta eléctrica en 100 mil pesos, pagaderos en 20 años y con un cuatro por ciento de interés anual.”

“Galvani se asoció un año más tarde a Luis de Pando Parrota Doria, ciudadano puertorriqueño muy rico, con el objetivo de que la empresa prosperara y no volviera a la quiebra. Se trajeron nuevas máquinas generadoras y el negocio comenzó a marchar bien”.

En este local estuvo la primera planta eléctrica de esta ciudad de Banes. Foto del autor.

Relató, además, Alemany, cómo en el mes de junio del año 1930 se formó en Banes un Comité de Huelga que exigía la rebaja de la tarifa eléctrica y logró que el 75 por ciento de los consumidores renunciaran al servicio. Las demandas estuvieron vigentes por espacio de tres meses.

Delfín Campañá, que era el alcalde del municipio en aquellos momentos, presidía ese Comité, y todo parecía andar bien hasta que el dictador Gerardo Machado conoció del asunto y dio 48 horas de plazo a los banenses para que pusieran fin a sus reclamos.

“La protesta tuvo sus resultados -describió Alemany-, pues se logró rebajar en 20 centavos la tarifa de contadores y en 40 la de luz fija. A la caída de Machado, en 1933, se formó otro Comité de Huelga, pero los dueños de la planta no cortaron el fluido eléctrico y sí crearon un grupo de inspectores que supervisara quién lo utilizaba.

“A finales de 1933 no podían cubrir los gastos los dueños de la planta eléctrica debido a la Ley promovida por Guiteras que estipulaba la rebaja de la tarifa, por lo que el Gobierno se hizo cargo de las máquinas para volverlas a entregar un año más tarde a sus propietarios, con un precio renovado de 2 pesos con 80 centavos el consumo mínimo, y un peso con 40 centavos la luz fija, hasta que la Revolución llegó al poder.”

Avenida General Marrero en 1927

“En el año 1959 existían en la ciudad de Banes alrededor de cuatro mil consumidores, pero como todos conocemos el servicio eléctrico no lo podía recibir el que lo necesitaba, y poco a poco se fue masificando hasta llegar a unos 80 mil ciudadanos”.

Permanece aún en mis recuerdos lo satisfecho que se sentía Juan Alemany Proenza al concluir su relato, pues se conocería esta historia que encierra en lo más profundo un pasado de privaciones.

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