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Fue María del Rosario una mujer de excepcional imaginación; de actitudes resueltas y graciosas. De mediana estatura y algo más de 60 años de edad, morena, de maneras graves y mirada vivaz. De cabellos grises, abundantes, recios, indómitos que contrastaban con su perfil dulce y enérgico.

A ella se le podía ver a diario recorriendo las calles de Banes, visitando los centros de trabajo, conversando de problemas disímiles y ganándose el cariño y la admiración del pueblo.

Todos la conocíamos por Sayo, y a decir verdad fue una extraordinaria compañera, porque en lo más profundo de sus sentimientos estaba presente la obra que edificaba su pueblo y el amor infinito que sentía por ella.

La vimos cada día con su uniforme de médico, de constructora, de miliciana. Fue multifacética en el sentido amplio de la palabra y cumplidora con esos deberes y responsabilidades creados por sus ideas fantásticas.

Fotos tomadas por el autor

Cuando conversábamos en ocasiones con ella, nos hablaba de sus giras artísticas con conocidas figuras del ámbito nacional, sus grandes actuaciones en los escenarios, el público que la aplaudía y el éxito que alcazaba en cada presentación, ya fuese en la televisión o la radio.

Para el que no conoció a Sayo -convertida de por sí en uno de los personajes legendarios de los muchos que han existido a través de los años en el municipio de Banes, al norte del oriente cubano- sus ideas pudieron en ocasiones incitarnos a la risa. Sin embargo, así lo vivió su mente soñadora y así lo comunicaba tal como lo sentía, con una gran frescura, como si fuera la más pura de las realidades.

No existió un evento de importancia que se efectuara en el municipio donde no estuviese presente María del Rosario. La vimos en las marchas populares, en las reuniones y balances de las organizaciones de masas, en las grandes concentraciones, en los desfiles por el primero de mayo; ella estaba en todas partes, deseosa de hacer algo útil, sin tal vez percatarse que con su sola presencia lo estaba realizando.

En una ocasión en que asistí como periodista a una asamblea de balance de la Federación de Mujeres Cubanas, apreciamos, entre la gran cantidad de compañeras invitadas, a María del Rosario, que trataba de pedir la palabra. Aquello me llamó la atención, por lo que en uno de los recesos me aproximé a ella para preguntarle por qué quería intervenir, pues, como invitada, no tenía derecho a ello, y algo molesta me respondió:

-Quería pedirles a las compañeras de la Federación que se preocuparan por construir un círculo infantil en la zona del central Nicaragua. Allí hace falta, hay muchas mujeres trabajando.

En esa respuesta comprendí que detrás de aquella imaginación extraordinaria, también estaba el pensamiento racional, modesto y puro de esa compañera.

Y así continúo Sayo durante años, caminando por las calles de esta ciudad, resolviendo imaginariamente cualquier problema que existiera, preocupada por cada cosa mal hecha y conquistando el cariño de todos, con sus ideas quijotescas. Un día desapareció físicamente. Pero Sayo, por su sencillez y modestia, pasó a convertirse en uno de los personajes más populares de las leyendas y tradiciones de Banes.

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