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El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos contra Cuba desde hace más de 50 años es el más largo en la historia de la humanidad y constituye la expresión más elevada de una política cruel e inhumana, carente de legalidad y legitimidad. Es extraterritorial y deliberadamente diseñada para provocar hambre, enfermedades y desesperación en la población cubana y, a consecuencia de ello, propiciar el cambio del sistema social escogido por nuestro país.

El Gobierno de los Estados Unidos, que preconiza ser el más democrático del mundo, que se da bombos y platillos de ser el guardián de los derechos humanos, lejos de poner fin a este bloqueo inhumano, ha mantenido en vigor las leyes, disposiciones y prácticas que le sirven de sustento. Los gobiernos de turno han continuado reforzando los mecanismos políticos, administrativos y represivos para su instrumentación más eficaz y deliberada. Ahora, como si fuera poco, el “señor” Donald Trumps, no conforme con el sufrimiento causado a los cubanos, sacó del closet el titulo tercero de la Ley Helms Burton, con la cual pretende deliberadamente darle la estocada final a la Revolución Cubana.

Los que hemos vivido en esta tierra de patriotas de la estirpe de Martí, Maceo, Máximo Gómez, Carlos Manuel de Céspedes y la Generación del Centenario, liderada por Fidel, entre otros tantos héroes, y dejamos atrás la etapa de dominio español y luego del imperio yanqui a través de gobiernos entreguistas, los que hemos visto nuestros sueños realizados a partir del primero de enero de 1959, no tenemos la menor duda de que este desenfrenado y criminal propósito está condenado al fracaso total, que los cubanos y cubanas resistiremos una vez más el asedio y le seguiremos dando lecciones al mundo de la madera que estamos hechos en este pequeño, solidario y digno país.

Ya se lo hemos demostrado muchas veces y ahora no será diferente. Ante cada acción de la Casa Blanca y sus lacayos, repetiremos la palabra del Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque cuando, en una heroica batalla del Ejército Rebelde contra fuerzas de la tiranía de Batista, sacó de su garganta un grito de guerra y de convicción que caracteriza a los cubanos: ¡Aquí no se rinde nadie, c…¡ (lo que viene después de la “c”, cada cubano digno lo conoce muy bien). Esta será la frase que repetiremos una y otra vez, ante cada intento de doblegarnos, a que renunciemos a lo que tanta sangre y sufrimiento constó a los cubanos.

Eso sí, no podemos hacerles el favor a nuestros enemigos diciendo que la situación a la que nos obliga vivir la administración Trumps y sus lacayos es cosa del “bloqueo interno”, como algunos ingenuos de adentro y fuera del país tratan de justificar. El bloqueo es un acto de genocidio que afecta a todos los sectores de la sociedad cubana, incluso a los propios norteamericanos. El bloqueo nos obliga a restricciones y a buscar soluciones alternativas para salir adelante con esfuerzos extraordinarios en todos los sectores de la sociedad, pero ante el desafío hacemos más con menos, pensando como país y aplicando la inteligencia colectiva.

Las pérdidas económicas ocasionadas por el bloqueo son millonarias y entorpecen el desarrollo del país y crean escaseces y malestar ante la falta de insumos necesarios para sostener a un país, pero aún en estas condiciones, resistiremos.

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