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Argelio junto a la primera secretaria del Partido en Banes (a su lado, a la derecha). Fotos del autor.

La longevidad es una especie de suerte en la vida de una persona, y cuando la edad sobrepasa los 100 años, como es el caso de Argelio Domínguez Rojas, es como para reverenciarse, sobre todo cuando esta personita, amable, bondadosa y familiar llegó a los 106 con una mente prodigiosa.

El cumpleaños no pasó por alto, su familia de siete hijos, nietos, bisnieto y tataranietos lo rodearon de mimos, junto a vecinos y con la presencia de Yamile Carrera Caballero, primera secretaria del Partido en Banes, y Yunior Ávila Hidalgo, Ideológico del Partido en el municipio, quienes llegaron a felicitar a este hombre excepcional, cuya vida laboral transcurrió en el campo, trabajando duro en las tareas agrícola para alimentar a su familia. Largas jornadas de trabajo que completaba con la atención a sus animalitos y una pésima alimentación, que, en la mayoría de los casos, se reducía a una botella de café claro y un trozo de pan.  

A los 90 de edad, y acogido a la jubilación, mientras pastoreaba a sus vaquitas, lo tumbó un caballo al que montaba como al mejor de los jinetes. A partir de entonces, la familia le prohibió a Rogelio hacer este trabajo.

 Siempre que una persona llega a la longevidad, lo primero que asociamos es que tuvo una vida relajada y fue bien alimentado, sin adiciones al alcohol, al tabaco y a otras drogas, y es lógico que sea así, pero en el caso de Rogelio se alimentaba mal, le gustaba el café y ocasionalmente se daba un trago de ron y echaba una cachada de un cigarrillo.

Argelio acompañado de parte de su extensa familia.

En los años de neocoloniales y de gobiernos entreguistas que se apoderaron de las riquezas del país, grandes terratenientes tenían enormes extensiones de tierra y pagaban un mísero salario a sus trabajadores, que apenas alcanzaban para mal alimentar a sus familias. En medio de este mundo incierto, hizo su vida este noble hombre, cuya fortaleza física, más que demostrada, le permitió soportar esa carga y llegar a sus más de 100 años y vivir 60 de ellos en Revolución, lo cual que le ha hecho más placentera la vida.

Su hijo menor, Víctor, de siete hermanos, afirma que su papá está entre los candidatos a los 120 años, algo que no parece descabellado para un hombre bien cuidado por su familia que, con su vitalidad, parece que cumplirá el pronóstico.

Rogelio es un padre excelente, muy dedicado a su familia, a la que inculcó el sacrificio, la honradez y hacer el bien; a sus 106 le brillaron sus ojos y sonrió a una bisnieta de 6 meses que le sentaron en sus piernas, y que lleva, como confirmación genética, los ojos azules.

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