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Ella despertó temprano, como de costumbre. La mañana parecía transcurrir en calma, sin mayores contratiempos, detuvo el ventilador, hizo la cama, y tras el aseo matutino, se vistió de manera impecable, como si esa mañana fuera a encontrar al amor de su vida.

Él se encontraba al asecho, apenas había dormido, sus pasos ágiles y la mirada aguda buscaba a la persona exacta para hacer de las suyas; fue con sigilo de un lado a otro, como quien caza el más mínimo descuido para llegar profundo al interior de su presa.

Ella regresa al espejo que le devuelve la imagen más hermosa en muchos días, definitivamente sería un momento especial, la prisa y las ganas desafiantes de conquistar el mundo le jugaron una mala pasada, olvidó una pieza esencial, su as de triunfo, pero ya en la calle le restó importancia y prosiguió en busca de la aventura inolvidable que intuía, de camino a su trabajo.

Él seguía allí, en la parada de ómnibus, indetenible, incapaz de cambiar sus planes, hoy encontraría otra manera de establecerse en paz y poder multiplicarse en el interior de quien le ofreciera tan anhelada posibilidad. Parecía que el universo, o el destino, conspiraban para que todo sucediera sin mayores contratiempos.

Ella arribó a la parada, preguntó el último, y tras organizarse en la espera que marcaba la apropiada distancia física y parecía detenerse en el tiempo, sintió que la miraban de manera intensa, tocó sus cabellos como señal de disfrute ante la mirada atenta de los presentes, quienes, quizás reparaban en el bello color de su carmín, o en la ausencia del vital nasobuco.

Él finalmente encontró la manera de acercarse, se colocó a su lado, se aproximó con sigilo, cada vez más cerca de su mano, y con un roce apenas perceptible, logró la tan esperada unión, esa que saldría a la luz en tan solo unos pocos días.

Ella abordó el ómnibus y llegó al trabajo, a lo que sería la última de sus jornadas por varios meses, porque Él, el Coronavirus, había encontrado a su presa. Tanta juventud y belleza, sin nasobuco, se volvió vulnerable, apetecible y perfecta para multiplicar el virus de la covid-19.

No dejes que la prisa, el orgullo o la necedad te aparten de lo sensato. Él no escatima en razas, edades, ni formas. Está al acecho, no duerme, existe, ataca, y lo peor, mata.

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One thought on “Enemigo al acecho

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