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La mujer ostentosa no paraba de hablar ni un instante, la cola avanzaba a paso lento, el calor del Caribe bañaba los rostros cubiertos por las mascarillas multiplicando por mil el calor.

Un tema daba paso a otro, mientras deseaba que además del nasobuco fuera obligatorio llevar tapones para los oídos. Opiniones triviales, comentarios absurdos, conjeturas insulsas, palabras, palabras, palabras… Hasta que una voz aguda alertó mi oído como ruido ensordecedor con una frase tan peyorativa que por minutos hizo que me olvidara del calor, de la cola lenta, de la mascarilla y hasta olvidé los anhelados tapones para mis oídos. La banense espetó sin más remilgos que los “guajiros” eran quienes tenían “malo” el pueblo y las colas, porque llegaban como avalancha y por eso no podía acceder a lo necesario.

Hubo silencio, nadie respondió, vi cruzarse miradas inquisidoras, pero, tristemente, no encontró la más mínima reprimenda a su banal comentario. Esperé a que alguien defendiera a “los del campo”, y al percibir una especie de silencio cómplice, le dije con cara de pocos amigos: “¿Acaso conoce la etimología de guajiro?” Interpreté su silencio como la respuesta negativa que me incitó a desahogarme, y confieso que llevaba cierta saña en mi retórica. “Cubana”, -le dije- “el termino proviene del inglés war (se pronuncia guar) y hero (se pronuncia giro); para que entienda, significa Héroe de Guerra, así llamaban españoles y norteamericanos intervencionistas a los hombres y mujeres de las zonas más rurales. Pero tampoco se me vista de citadina, porque Banes es un campo harto distante de las grandes urbes del país y como dijo Adalberto Álvarez en una de sus canciones, aquí el que más y el que menos, tiene un pariente en el campo.

Rigoberto Pulido Toro, joven campesino banense, un ejemplo digno de imitar. Foto: Carlos García Matos.

Y proseguí sin respetar pausas, dosificación de aire, ni grupos fónicos: “Los dignos hombres y mujeres del campo necesitan tanto como usted de los productos de primera necesidad, ellos trabajan, hacen producir la tierra, aran, siembran, siegan, ordeñan, crían, madrugan, carecen de muchos recursos, y son útiles a la sociedad y a la economía. No es saludable estigmatizar, no vivo en una sociedad perfecta, pero no permito discriminaciones ni comentarios segregacionistas, no enmudezco ante las injusticias. Llámese a capítulo, es una mujer adulta y deberías reconsiderar su observación. ¿Por qué no expresarse mejor al decir: ¡Qué titánica labor la de la gente del campo, que trabajan de sol a sol para producir!? Ellos también tienen necesidades, precisan acceder a las mercancías esenciales, así como usted, ellos madrugan, adelantan la faena, viajan, ida y regreso, amén de lo difícil del transporte.

A ellos habría que darles prioridad o ¿acaso es tan autosuficiente que no precisa de los productos del agro y los cosecha en su cantero, patio o parcela? Respiré, volvió el silencio absoluto y reflexivo que interrumpió la funcionaria del grupo de enfrentamiento para organizar la cola. La banense se disculpó por su observación inmadura y fuera de lugar, a la vez que asumió que la raíz de su árbol genealógico tenía procedencia rural.

En Cuba, como dijo nuestro poeta nacional Nicolás Guillén, el que no tiene de congo, tiene de carabalí. La zona de residencia no marca la diferencia, todos somos cubanos, banenses, hermanos y todos necesitamos de todos. Seamos esos héroes de guerra, o los guajiros banenses, capaces de compartir y ser solidarios ante los avatares cotidianos.

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