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Estampa de la vida cotidiana en la ciudad de Banes, cabecera del municipio de igual nombre ubicado en el norte de la provincia de Holguín. ACN FOTO/Juan Pablo CARRERAS

Los amigos de la escuela un día dejan de ser amigos, se vuelven conocidos y, conforme pasa el tiempo, si no hay un vínculo intenso que los une, pasan a ser un recuerdo que se desvanece como holograma en la memoria.

En retrospectiva evoqué los años de la secundaria y el preuniversitario, y hay tantas ausencias, aquellos inseparables hoy no están, se esfumaron como el espíritu etílico de las copas compartidas, o como los sollozos que sobrevinieron tras calmar el llanto en mi hombro amigo.

Unos cruzaron fronteras en busca de un futuro mejor que, con un golpe de suerte y mucho esfuerzo, quizás lograron alcanzar, pero no siempre es “tan” mejor como su otrora pasado, y ahora anhelan las esencias que dejaron en la Mayor de las Antillas y les falta ese equilibrio en la actualidad. Otros oxigenaron sus cabellos con aires citadinos y se diseminaron por tantos destinos nacionales como estrellas iluminan el firmamento.

Dos personas conversan senatadas en el Parque Cárdenas como estampa de la vida cotidiana en la ciudad de Banes, cabecera del municipio de igual nombre ubicado en el norte de la provincia de Holguín, Cuba. ACN FOTO/Juan Pablo CARRERAS

Los amigos de ayer se esparcieron, de oriente a Occidente, del cabo de San Antonio a la punta de Maisí. Quizás hoy tengan mejores vidas a las que hubiesen tenido en Banes, ellos habitan cualquier paraje de esta bella geografía, pero llevan en su alma y pendiendo del cuello el ídolo del inolvidable cacicazgo Baní.

Aquellos que se fueron añoran a su Banes querido, aun cuando un grupúsculo reniegue de su identidad y se hagan llamar holguineros, o cubanos, como si el gentilicio banense les restara presencia. Otros viven en una evocación constante, y cierran sus ojos para recorrer cada calle, sin adoquines ni asfaltos impecables, y se detienen, quizás, en un enorme bache para contemplar lo que antes soslayaban por la premura y su cotidianidad.

Monumento a José Martí, en el parque del mismo nombre en la ciudad de Banes, cabecera del municipio de igual nombre ubicado en el norte de la provincia de Holguín, Cuba. ACN FOTO/Juan Pablo CARRERAS

Los que quedamos en Banes, quizás sin percatarnos, decidimos hibernar en nuestra zona de confort, y sin buscar nuevos horizontes, quedamos varados en el tiempo, en nuestro tiempo, ese que te enamora el alma cuando transitamos por el parque Cárdenas y recordamos la juventud de antaño alrededor de la Pista Móvil, que bailaba El Juanito, o hacia un coro para observar a los diestros con el breakdance.  Aquí quedamos muchos, los más afortunados, los que damos sentido a la vida con cada toque de sirena, los que cruzamos el puente de este a oeste, los que sabemos miles de historias que se reviven con frecuencia en las colas del periódico, en La Sombrilla o sentados al amparo de la imponente Glorieta.

Los amigos que se fueron no pueden olvidarse de su Banes, aunque su acento suene occidental, aunque allí el sol les castigue menos, aunque el Capitolio les recuerde el Palacio, aunque Casa Blanca le remonte al verde de la loma de la campana.

Banes no es una gran ciudad en extensión, es cierto, no tiene avenidas, ni semáforos, ni grandes edificios, pero tiene una historia, una magia que cada mañana nace con el sol desde el centenario faro de Lucrecia y se renueva en las aguas cristalinas de la playa de Guardalavaca. Banes no es una ciudad perfecta, pero es la mía, la que guarda mi esencia, mi linaje, mis recuerdos vividos en sus calles y el rumor de su gente solidaria.

Parque José Martí en la ciudad de Banes, cabecera del municipio de igual nombre ubicado en el norte de la provincia de Holguín, Cuba. ACN FOTO/Juan Pablo CARRERAS

A los que se fueron, que el regreso a esta tierra les colme de alegrías y no de añoranzas; que a pesar del deterioro inevitable de los años, reviva cada caserón de zinc y madera devorado por el tiempo y los ciclones; que cada recuerdo de su pueblo natal no se desvanezca, que no sea un holograma que se vuelva la melodía de Silvio, Sofía y Peruchín bajo la batuta de Cheveto. Que esta bella ensenada de ceibas y costas nunca se convierta en pasado para quienes cada día, a ultranza, renovamos la ciudad, mi Capital Arqueológica, tierra de tantos hijos, que, aunque algunos se hayan ido, sienten la añoranza y sueñan con un nuevo regreso.

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3 thoughts on “La ciudad, el tiempo y los amigos

  1. In English we have the expression “the grass is always greener on the other side of the hill”. So often we don’t know what we have until it is gone, always thinking that things are better elsewhere. I think movies and television have made this even more true. As you say hopefully when people get the chance to move to the greener grass they look back with happiness not regret. This adage rings true whether thinking of small changes or drastic ones in our live.

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