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La diabetes es una pandemia global que afecta a 382 millones de personas en el mundo. La OMS proyecta que será la séptima causa principal de muerte para el año 2030. Se estima que 4 millones de personas mueren al año por complicaciones relacionadas con este padecimiento.

Soy diabético hace dos años, ciertos síntomas me alertaron sobre un mal funcionamiento en mi organismo: un sueño insaciable, una sed que asociaba al uso constante de la voz como herramienta de trabajo, un estado depresivo sin precedentes y desmotivador que borraba toda esperanza de vivir una feliz existencia.

Ante la alarma, por lo poco habitual de los extraños comportamientos, acudí al médico y tras un chequeo general, los resultados arrojaron una glucemia alterada. No acaté a priori que debutaba con una enfermedad tan horrible que, irremediablemente, me hizo pensar en discapacidad, amputación de miembros, insuficiencia renal y otros muchos problemas asociados a la temible patología. Me remitieron una vez más a exámenes de laboratorio y la prueba provocada que mide la función del páncreas confirmó el diagnóstico.

Seguí sin aceptarlo, sobrevinieron charlas de médicos amigos, familiares, alumnos, compañeros y, tras una presión obstinada de tanta gente especial en mi vida, me convencí de iniciar un tratamiento. Busqué en el internet, entrevisté a mis amigos, pacientes, conocidos, extraños, inquirí en todo momento sobre la diabetes, hasta que aprendí a vivir con la enfermedad, pero no como un enfermo, sino que lo asumí como un estilo de vida.

Parecerá descabellado para muchos mi sentencia, pero, “doy gracias a Dios por ser diabético”. Sí, por absurdo que parezca, es real; hoy me siento diferente, compensado, ágil, saludable desde la enfermedad, porque asumí la diabetes como un confortable estilo de vida.

Antes justificaba el sobrepeso porque, supuestamente, hacía dietas y no bajaba, pero descubrí con la diabetes que sí se puede hacer dietas y que sí se logran los resultados con el peso, aparté las justificaciones para hacer ejercicios, y aunque no voy a un gym cada tarde, hago aeróbicos y cardio en casa para mejorar la salud. Nunca fui amante de los dulces, pero sí de alimentos saladitos que, carbohidratos al fin, se vuelven azúcar en el metabolismo e incrementan los niveles de glucosa; a esos también los aprendí a reducir.

Mi vida es normal, es más, digo que es superior; compensar la diabetes es posible, es una meta personal, un estilo de vida que va más allá de dietas y medicamentos. A veces olvido que tengo diabetes mellitus tipo II, lo recuerdo al tomar la metformina en sus horarios. Mi rutina cambió, observo las fotos de antaño y no encuentro aprobación, evoco mis infructuosos intentos de dieta y me censuro, pero no es hora de arrepentimientos por lo que no hice en el momento indicado antes de debutar con diabetes, es hora de mantener niveles estables, y este 14 de noviembre me sumo a la campaña para alertar y aconsejar sobre los malos hábitos alimenticios y la vida sedentaria.

No es necesario enfermarse para actuar, puedes hacerlo ahora mismo, empieza a cambiar hábitos, incorpora ágiles y novedosos estilos de vida, no esperes a debutar con la diabetes para empezar a vivir saludable y se feliz, porque la salud es la mayor fuente de felicidad.

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