Read Time:5 Minute, 2 Second

Fotos de autor

Conversar con Abel Tarragó López es adentrarse en la historia misma de Banes, el oriental municipio de la provincia cubana de Holguín, donde nació hace 80 años, para fortuna de una tierra que se siente orgullosa de tener un hijo tan ilustrado como este.

“Señalan algunos que soy un historiador, pero qué va, yo no tengo esa categoría, más bien soy un juglar que cuenta lo vivido, lo que veo y lo que conozco por mis años”.

Hombre culto, amante del deporte y de su historia, Abel es uno de esos soñadores eternos, un libro inmenso, donde muchos van a beber de esa sabiduría que impresiona por sus amplios y diversos conocimientos, forjados a través del tiempo y de una tenacidad asombrosa.

“Nací en el seno de una familia humilde, pero muy trabajadora. Mamá y papá nos inculcaron siempre la honestidad, la disciplina, la modestia y la dignidad. Crecí en una época dura, donde tener trabajo era una bendición e ir a la escuela un privilegio que no todos alcanzábamos”, afirma Abel, por cuyos ojos pasan, como por un cinematógrafo, los niños de su tiempo, descalzos, harapientos y sin oportunidades de aprender, la gente vendiendo carbón o mendigando algo para comer. “Era difícil, muy difícil”, me dice.

En 1956 fue fundador y dirigente de la llamada Liga de Béisbol Infantil Los Cubanitos, auspiciada por el promotor Boby Maduro y el pelotero Napoleón Reyes, de la cual fue director regional. Desde 1957 fue sirviente del hospital de la compañía norteamericana asentada en Banes. Allí aprendió todo lo que pudo de los servicios médicos hasta que triunfó la Revolución en el 1959, cuando pasó un curso de enfermería y se gradúa de esta especialidad.

“Tengo excelentes recuerdos de mi paso por el sector de la salud, donde fui dirigente sindical. Allí conocí a figuras como el doctor Carlos Enrique Font Pupo, Fernando Tomaseviche Mariño, quien fuera jefe de las Fuerzas Antiaéreas y al hoy Vicealmirante Julio César Gandarilla, actualmente Ministro del Interior, así como a los colaboradores soviéticos durante la Crisis de Octubre.

De este último acontecimiento histórico, que puso al mundo al borde de una guerra nuclear, y del derribo del avión U-2 norteamericano en Banes, cuenta Abel:

Tenía una gran amistad con los soviéticos. Recuerdo cuando se derribó el avión espía. Fue el 27 de noviembre de 1961, sentí una gran explosión y miré al cielo y vi algo echando humo cayendo por la zona de Veguitas, y me dije, ´jodieron algo´. Entonces vinieron a mi casa varios oficiales, estaban muy eufóricos, hablamos de los que significaba eso y de sus posibles consecuencias. Me viene a la memoria la figura de uno de los jefes de aquellas tropas soviéticas, Iván Orejoski, era un hombre muy amistoso”.

La casa de Abel Tarragó es como un gran museo o una biblioteca. Allí hay libros de Historia, revistas, trofeos, fotos, diplomas, todos guardados con un celo enorme, porque cada uno significa un reconocimiento a su labor y su entrega sin límites a esta ciudad.

“Todos tienen un valor particular para mí, por ahí están las fotos de niño, con mis padres, mi hermano que fue, al igual que yo, integrante del Movimiento 26 de julio; en los plenos nacionales del deporte, en eventos en La Habana, en el Capitolio Nacional y con grandes figuras de Cuba”.

Historiador del Deporte, ganador de siete Grandes Premios en los Simposios Provinciales y otros importantes lauros, Abel es un como un erudito que guarda en la memoria estadísticas, nombres, lugares de eventos y, sobre todo, cada detalle de lo que en barrios y comunidades se practicaba antes de 1959.  

Nos habla del colegio de Nena, donde aprendió sus primeras letras, del inspector  Mingo Pino, del indio Pandit Gocul, Luis Bobera y la Morocha, Pupito, La India, Mongolote y Repollito , todos esos personajes simbólicos del Banes del ayer, de las retretas del parque, de la orquesta de Cheveto Alemany, del concierto en el teatro Heredia de la Novia de América, Libertad Lamarque y de  tantos otros sucesos que parece que estás leyendo un libro de la historia de Banes cuando conversas con él, donde no pueden faltar el dolor de los mutilados de la Mamita Yunai, los barracones de haitianos y la muerte de Thelmo Esperance, durante las Pascuas Sangrientas.

No olvida cuando el sargento Antonio Rodríguez, del Cuartel Municipal, le dio una paliza e incomunicó a su hermano durante diez días; la visita a Banes de Eduardo Chibás, presidente del Partido Ortodoxo, o cuando su mamá le pidió a un político de turno una beca para que él estudiara medicina y este le dijo, despectivamente, que con solo cuatro votos no podía garantizarle esa oportunidad.

Personas de los Estados Unidos, España, Noruega, Brasil, Ecuador, Venezuela y gran parte de Cuba, especialmente estudiantes, vienen a beber de la fuente inagotable de conocimientos de Abel, siempre dispuesto a ofrecer sus servicios y mostrar cuánto hay todavía guardado en sus archivos personales, un reservorio inmenso de la historia de Banes.

“Cada papelito que encuentro sobre un hecho significativo lo guardo. También ejercito a cada rato cuando hago mi programa de radio, realizo conferencias en centros laborales y de estudios. Sigo investigando e indagando porque la historia hay que estudiarla todos los días”, apunta.

Sobre cuáles serían los mayores y más amados reconocimientos de su vida, confiesa:

“El ser cubano y en especial ser Hijo Ilustre de esta ciudad. Óigame, nací, crecí y moriré en esta misma casa. Estoy muy orgulloso de vivir en Banes, aquí está mi historia, mis sueños, mis realizaciones personales. Por ahí anda mi gente, la memoria de mis padres, los olores que desde niño sentía y salía a buscar con mi hermano, ahí está la misma sirena que sentía sonar desde la juventud o las calles que solía transitar hace 60 años. Ahí están mis amigos. Todos los días pienso en mi país, en mi Banes, aquí está la cuna de mis recuerdos, aquí nací, aquí vivo y aquí seré sembrado”.

[ABTM id=2470]

Happy
Happy
0 %
Sad
Sad
0 %
Excited
Excited
0 %
Sleepy
Sleepy
0 %
Angry
Angry
0 %
Surprise
Surprise
0 %

Average Rating

5 Star
0%
4 Star
0%
3 Star
0%
2 Star
0%
1 Star
0%

3 thoughts on “Abel, el juglar de Banes

  1. Muchas gracias por ese artículo. Banes siempre fue una ciudad con mucha historia, sobre todo de sus personajes. Soy de Banes y recuerdo de mi infancia las carreras que teníamos que dar cuando pasaba “Pata e’muelle”, las locuras de Fotuto, las peroratas de Carmen la loca en la calle Torronteras. Recuerdo los Carnavales, que fiestas aquellas de los años ochenta, no había otro municipio como ese, solo Santiago de Cuba podía decir que eran mejores. Siempre fue una ciudad limpia, es una tradición que aún perdura, de calles anchas y bien pavimentadas, que tuvo un buen alcantarrillado y acueducto. Un pueblo de tradición heroica y trabajadora.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

tres × uno =