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Entablar una conversación con Adela Alsina del Toro es como recibir una clase, porque su voz experimentada y suave es un verdadero magisterio. Me recibió en su hogar de la calle H, de esta ciudad, con una gran sonrisa y un “sabía que vendrías”. Entonces no fuimos al diálogo.

 Muchos dicen que usted es una maestra ¿de dónde viene esa vocación?

“Yo estudié Licenciatura en Español-Literatura. Mucho me ayudó en la vida ser maestra para enfrentar la vida y las tareas que se me encomendaron, para ser una persona de mente abierta, pero también con apego a la ley, de tratar de saber lo que es justo e injusto, así como buscar la verdad en cada cosa.

¿Y cómo llegó a ser designada al frente del Tribunal Municipal?

“Desde el año 1987 estuve preparándome para esta tarea y se me nombró el 24 de febrero de 1988 como presidenta del Tribunal y ahí estuve por espacio de 25 años. Aprendí muchas cosas. Tuve la suerte de contar con un colectivo de trabajadores maravilloso, el cual me apoyó. No me considero que soy una mala persona, pero de allí salí siendo mucho mejor”.

Impartir justicia a veces es duro, pero necesario ¿qué enseñanzas aprendió desde el Tribunal?

“Impartir justicia es necesario porque la sociedad tiene que preservarse de aquellas personas que no tienen conductas adecuadas y no se ajusten a normas y reglas para la convivencia normal. Se me dio esa oportunidad en la vida, que lleva un rigor muy grande, un desprendimiento enorme, muchas horas de trabajo y reflexión. Al buscar la justicia creo que transité por un camino que me ayudó en lo personal a formar mejor a mis hijos, a tener un horizonte más abierto, una visión más amplia y ser más exigente conmigo

¿Qué cosas la han marcado en su vida?

“Incorporarme desde muy joven, en los años 60 del siglo pasado, en la Sierra Maestra, a los Contingentes de Maestros Voluntarios, dirigir la primera filial Universitaria de Banes, de la cual soy fundadora, y haber contado con un colectivo como el que tuve en el Tribunal, que me enseñó muchas cosas de las que estoy tremendamente agradecida”.

¿Cuál es el mensaje que podría usted darles a las nuevas generaciones?

“Que a los niños en el seno familiares hay que enseñarles a respetar las normas con la sociedad y en el propio hogar, eso va trillándole el camino para la adolescencia y la juventud. Cuando llegan ahí sin saber esas reglas, entonces son los problemas. Por eso todos, desde la familia hasta los propios tribunales, tienen que convertirse en una escuela, para construir y llenar de valores la sociedad, que tanto lo necesita.

¿Cómo desearía que la recuerden?

“Como una persona modesta, sencilla, responsable, útil a mi labor y que trató siempre de cumplir con la justicia. Yo soy una de las agradecidas de esta Revolución y de Fidel, porque él nos enseñó a poner por delante primero el deber y los principios. Y eso son cosas que me guían todos los días y de las cuales me siento muy orgullosa”.

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