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“Yo soy un servidor del pueblo, él me eligió y a él me debo”, me confesó Alberto Jimenez Almaguer, delegado de la circunscripción 29 del consejo popular Centro Ciudad Sur, de Banes, el cual muestra con orgullo un trabajo comunitario avalado por la gratitud de sus vecinos y de las autoridades del municipio.

Alberto habla pausado, como midiendo cada palabra, para encontrar la frase perfecta en su gramática llena de cubanismos aprendidos en su andar por cada barrio y ese contacto permanente con el pueblo, que es su mayor satisfacción, “porque ahí es donde puedo conocer los problemas y buscarles soluciones”, expresa este trabajador de la Empresa de Producciones Mecánicas de esta ciudad.

¿Cómo es la labor ahora de enfrentamiento a la covid-19?

Mucha, y no exenta de problemas, porque todavía existen personas que no están conscientes del peligro de este virus, de su alto nivel de contagio, e incluso de muerte. El grupo comunitario se reúne en la mañana y nos repartimos las tareas y zonas, visitamos las viviendas, ayudamos a las pesquisas y al final sacamos las conclusiones.”

“No todo está bien, porque hay demoras en la recogida de los pacientes positivos, otros se niegan a ingresarse y existen indisciplinas, pero no nos cansamos y estrechamos cada día más nuestra acción, y ya se ven los resultados”.

¿Y la campaña de vacunación en las distintas edades, cómo la vienen asumiendo?

Alberto Jimenez Almaguer, delegado de la circunscripción 29 del consejo popular Centro Ciudad Sur. Fotos del autor.

“Esa es otra tarea ardua, pero vamos saliendo bien gracias a la coordinación entre todos los factores: consultorios del médico y la enfermera de la familia, los grupos comunitarios, las organizaciones políticas y de masas y en la de las edades pediátricas, con las escuelas.”

“Como es una zona lejos de la policlínica, yo no espero a que venga el transporte a traer la vacuna, yo me levanto tempranito y en bicicleta busco los bulbos y se los traigo al consultorio. Eso aquí es una fiesta, la recibimos con aplausos y vivas, porque eso costó mucho esfuerzo de los científicos para salvarnos la vida. La Revolución nos las regala, y nosotros tenemos que ser agradecidos”, apunta Alberto.

Me cuenta de sus 24 años como delegado del Poder Popular, sus experiencias de los ciclones Ike y Sandy, de su vínculo con la comunidad, de sus amores por el barrio, del trabajo incesante por resolver los problemas sociales, con el abasto de agua, la recogida de desechos sólidos y otros, donde también se le pone la mano y el corazón para que latan más fuerte.

“Hoy, la gente necesita más de los delegados, porque somos el enlace entre el Gobierno y la gente; si trabajamos bien no los defraudamos, y eso trato de hacer todos los días, porque en la confianza está el respeto que uno se gana”, recalca.

“Hay que zapatear la tierra para conocer y entender lo que pasa a tu alrededor, para adentrarse en los problemas de la comunidad y sentir como propias las dificultades de los demás y buscarle entre todos la solución más propicia”, agrega el delegado Alberto.

En la despedida le estrecho la mano y siento en ella esa fuerza ganada en tantas batallas, mientras sus ojos muestran la confianza de que sí se puede cuando se quiere.

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