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Su nombre es Alejandro Almaguer Palacios, pero todos lo conocen como Anguito, un verdadero portento que sube y baja las lomas del reparto Honduras, de  la ciudad de Banes, y por otros barrios de la Capital Arqueológica de Cuba con su carretilla y sus tanques de agua para servir a la gente.

Hombre humilde, sencillo, con un trato afable tiene ese don de la fuerza que adquirió desde niño para andar por la  vida forjando caminos.

¿Desde cuando Anguito está en  esta labor?

«Desde hace más de 30 años. Comencé allá por el año 1986 y hasta el presente. Creo haber llevado miles de litros de agua para decenas de viviendas, no solo  en el reparto Honduras, sino por la zona de El Criollo, Los Paraos y otras partes de la ciudad, pero también he cargado rejas  para casas y otros materiales».

Suda copiosamente mientras extrae desde los tanques de agua cada cubo para llevarlos a los recipientes de las viviendas que cada día lo esperan para este agradecido servicio.

¿Y por qué se dedicó a esta tarea?

«Primero lo hacía para mi casa, por la escasez de agua que siempre había para esta zona, y entonces las personas, al ver que cargaba con dos y hasta más tanques, empezaron a pedirme el servicio  y me fui embullando hasta ahora; pero las fuerzas ya no son las mismas, las  calles se van deteriorando y el esfuerzo es mayor; además, la edad, ya son más de 50 años», acota con el rostro cubierto de sudor.

«Ya son 36 años en esto, que no es fácil. Tú sabes lo que es bajar una loma con  dos tanques de este tamaño llenos de agua y luego andar por esas calles… Para eso hay que tener fuerza y resistencia, compadre. Mucha resistencia», remarca.

Su voz es como una canción que se entona cuadra por cuadra, en ese escenario enorme de un pueblo que lo recibe a cada hora con su cuerpo sudoroso, pero su carácter siempre   jovial y optimista a pesar de las dificultades, educado y voluntarioso porque sabe que siempre hay alguien que necesita de su esfuerzo.

«A veces he pensado dejar este trabajo,  pero siempre hay alguien que me dice: Anguito, ¿me puedes tirar un viajecito de agua, que no tengo para lavarle los paños al niño y la abuelita? Entonces ahí voy y sigo y sigo, y será hasta que ya las fuerzas no me den para más», precisa.

Sus manos enormes y las zancadas como un gigante conducen día a día esa carretilla, que es como un símbolo en el reparto Honduras, de la ciudad de Banes. Llevan música, fuerza y amor, porque  Anguito, el aguatero, se ganó desde hace rato el cariño y la consideración de la gente que lo admira y respeta.

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