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Parece un sabio de la tierra. Habla de ciencia, de prácticas agroecológicas, del clima y de variedades de plantas como si fuera un experto. Lo hace con la pasión de los enamorados, como si la vida entera fuera poca para construir tantos deseos, tantos afanes.

Él es el médico fisioterapeuta René Dueñas Marrero, graduado hace 25 años, quien decidió solicitar un pedazo de terreno en usufructo para “explorar”, y hoy va ya por más de cuatro hectáreas y enormes planes que le ocupan la otra mitad del tiempo de su ajetreada jornada, entre la policlínica integral César Fornet Frutos y la finca.

¿Cómo es posible?, le inquiero. “Oh, con mucho sacrificio. Inconmensurable trabajo. Me levanto de madrugada y cuando aclara ya estoy en la tierra. Un par de horas y de ahí me preparo y voy a la policlínica, salgo en la tarde y vuelvo a ella hasta el anochecer. Esto es una labor sin descanso y de ponerle mucho corazón”, me responde el galeno.

Me invita a recorrer todo el terreno, y ante la vista, hermosas matas cargadas de fruta bomba en plena cosecha, en una hectárea de suelo donde espera sobrepasar los 500 quintales, además de sembrados de plátano, yuca, guayaba y coco.

Habla de experimentos y aspiraciones relacionados con los frutales y las plantas ornamentales como rosas, gladiolos y orquídeas. “Eso es lindo, me llena el alma, es como enamorarse. ¿Qué es la vida sin las flores…? Por aquí empecé y no las he abandonado, a pesar de que llevo adelante otros programas que me ocupan mucho tiempo, pero siempre tengo un espacio para ellas, porque me ayudan a vivir y engalanan este lugar, que te confieso es mi realización personal a la par con la medicina”, confiesa René, quien aspira a incrementar áreas para las plantas ornamentales.

Pero todo no queda ahí. Sobre el proyecto porcino que desarrolla, señala que“eso es mi otro gran empeño, ya voy bien adelantado, pero me hace falta una ayudita con el cemento para darle terminación a las naves que están diseñadas para más de 200 cerdos. Ya ves, la cobijamos nosotros, y ya tenemos creadas casi todas las condiciones para empezar, incluso el alimento animal, que más del 70 por ciento saldrá de nuestras tierras, como yogurt de yuca, maíz, plantas proteicas y otros subproductos de cosecha”.

Se le iluminan los ojos y se le ensancha el pecho de emoción ante cada obra que ve realizada, ante cada paso que da, con esa firmeza de hombre decidido y voluntarioso que parece al que nada ni nadie puede ponerle obstáculos, ni las adversidades materiales y climáticas en suelos que, como dice, “no son de primera, pero sí de personas resueltas a no rendirse”.

Allá, los arbustos de papayo colmados de fruta, los rosales, el platanal que comienza a levantarse, las naves de cerdo, o acá el abono orgánico para los sembrados, porque sabe de la importancia y la urgencia del empleo de la agroecología en momentos que escasean los fertilizantes para poder alcanzar mejores rendimientos.

¿Médico o campesino?, lo interrogo antes de partir. “Compadre, no me ponga en esa disyuntiva. Yo tengo muchos amores, y a todos los quiero con el mismo entusiasmo, con la misma energía. La medicina me vino por la vida, y créeme que le dedico todas mis energías, porque mis pacientes son lo principal. Lo de campesino viene de familia, y no me arrepiento. Tenga un amor infinito a la tierra, a las plantas, en ellas me refugio, son mi placer”.

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