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En Banes se registraron 20 casos del nuevo coronavirus. Foto: Carlos Manuel Rojas Véliz.

Dos historias paralelas en el tiempo y en el dolor. Dos historias entrelazadas en una pandemia que sigue conmoviendo al mundo. La covid-19 afectó no pocas familias banenses. El susto, la desesperación, ese miedo tremendo que se aloja como escalofrío tremendo en el estómago, que arranca lágrimas y no deja dormir, fue el que sufrieron Janet Batista y Carlos Borrego, dos de los 20 banenses contagiados por esta pandemia.


“Eso fue tremendo, parecía que se me caía el mundo, yo pensaba en mi hija, creía que la dejaría sola para toda la vida, que eso me mataría, según escuchaba en las noticias sobre lo que pasaba en el mundo, y créame, me asusté muchísimo, lloraba y lloraba” confiesa Janet, una joven banense que ahora, con una sonrisa en el rostro, habla de ese pasado reciente.

Janet Batista y su hija. Foto del autor.


“Cuando me dijeron que tenía el coronavirus, lo primero que pensé fue en mis hijos, me puse nervioso y me dije, caramba esto se pone malo”, afirma Carlos, otro joven del territorio contagiado por una enfermedad que aquí parece ya un recuerdo lejano, pero que sigue presente en la memoria de los que la sufrieron.


“Fueron días duros, muy duros, en centros de aislamiento aquí y Holguín, medicamentos fuertes que te hacen vomitar, mucha ansiedad y desespero”, relata Janet, quien agrega que “las atenciones médicas fueron maravillosas, un personal muy calificado y con mucha profesionalidad en el hospital Fermín Valdéz Domínguez, que nos hicieron sentir seguros y con mucha esperanza”.


“Después de ese choque, que te deja aturdido y muy nervioso, te pones mal, pero después me dije a mi mismo que aquí, en Cuba, no me iba a morir, aquí me van a salvar, y así sucedió. Me sentí seguro, los tratamientos son fuertes, pero efectivos y desde el primer día fui evolucionando favorablemente y me curé. Creo que la medicina cubana es una de las mejores del mundo, no solo por su grado científico, sino por su sentido del humanismo, por ese amor que los médicos y enfermeras le ponen día a día, y eso salva”, acota Carlos.

Carlos Borrego. Foto del autor.


“No hay mejor remedio que el amor. Y esa pasión con que los trabajadores de la salud tratan a las personas, es la primera medicina de la curación, y yo la pude comprobar”, afirma Janet, quien recalca que, a pesar de que parece que ya estamos libres de esa pandemia, en nuestra tierra hay que seguir cuidándose porque el virus aún circula y es un peligro tremendo.


Carlos y Janet son historias del reciente pasado, historias conmovedoras que vivirán para siempre en sus memorias porque ellas contienen altas dosis de miedo, tensiones y batalla para poder vencer una pandemia que en Cuba y el mundo ha entristecido muchos hogares.
Ambos, ya vencedores del peligro, viven para contar y sonreír a la vida, para narrar esas historias que son parte del recuerdo vigente de un pueblo.

Ni en los momentos más difíciles, los banenses perdieron la esperanza. Foto: Carlos Manuel Rojas Véliz.

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