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Médicos banenses en el centro de aislamiento de Macabí

“Para lo que sea, con la Revolución y Fidel, pa’lante”, fue la primera frase que escuché a la entrada del centro de aislamiento en que se ha convertido el politécnico “10 de Octubre”, del poblado de Macabi, una especie de trinchera de combate contra el coronavirus donde los valientes desafían el peligro y les ponen el pecho a las adversidades para contribuir a salvar vidas en las circunstancias actuales.

La Covid-19 en Cuba ha puesto a prueba la capacidad del Gobierno y del sistema de salud para la búsqueda de soluciones efectivas que permitan el control de la enfermedad. Una de las medidas que se ha tomado es la creación de centros de aislamiento, donde especialistas la velan por la vida de cientos de cubanos.

“Por aquí han pasado más de 400 personas que han sido contactos de personas enfermas del coronavirus, y algunas de ellas dieron positivos tras las pruebas realizados”, explica Gabriel Diaz, un educador que asume la responsabilidad de dirigir esta institución.

Gabriel Díaz, director de este Centro de Aislamiento, junto a Yamile Carrera Caballero, presidenta del Consejo de Defensa Municipal. Fotos del autor.

Se le nota cansancio en la voz y los ojos, que parecen han dejado de dormir unas cuantas horas, habla pausado como midiendo cada palabra o para ponerle la acentuación debida.

“Esto no ha sido una tarea fácil, pero la hemos asumido con tremenda voluntad y amor, aquí todo el equipo médico y de servicios tiene una labor intensa con muchas horas de trabajo, pero créame de verdad, lo hacemos con un amor infinito”, recalca Gabriel, quien acota que “hemos recibido el total respaldo del Partido, del Consejo de Defensa Municipal y de muchas autoridades, quienes están atentos de la alimentación, el aseo personal y el estado de salud de cada persona.

El doctor Luis Alvarez, jefe del equipo médico desde el primer día de abrir este centro de aislamiento, explicó que, ellos mismos están totalmente aislados, lejos de su familia por el tiempo que sea necesario su aporte y que era una misión que asumían con la responsabilidad y seriedad que merecen, porque se trata de ayudar a salvar vidas.

Personal de salud

Para ello, está definido un protocolo de bioseguridad que resulta fundamental: el médico sale de su habitación y se coloca la indumentaria (bata, nasobuco, guantes, gorro), luego pasa al área roja, donde hay un mayor riesgo, ahí se coloca su sobrebata, como desatacó el doctor Luis, quien asegura que aquí se toman todas las medidas de seguridad y que el personal está muy bien preparado para asumir la terea asignada.

Una vez con los pacientes, los especialistas tienen la tarea de cada cuatro horas chequear los signos vitales: frecuencia respiratoria, cardiaca, la temperatura, como señala el joven galeno Ediarbel Blanco Peña, quien agrega que además de sus labores ya habituales para controlar si aparecieran síntomas de la Covid-19, los médicos y enfermeras brindan apoyo emocional, consejos e intentan por todos los medios que quienes han reducido su vida a un cuarto enfrenten la situación con optimismo.

Pero este Centro de Aislamiento es mucho más, en la cocina comedor, hombres y mujeres que hacen su mayor esfuerzo para que la alimentación tenga el mejor sabor; de ello se encargan un grupo el cual componen Eulalia, Marlenis, Cristino, Yasel y Asel, quienes desafían el calor, las madrugadas y las noches para estar ahí, al pie del cañón, en la primera línea de combate contra una epidemia que también ha tocado a la familia banense, incluso con un lamentable fallecimiento.

Personal de apoyo

“Seguimos dándolo todo, porque el Comandante nos enseñó a ser humanistas, solidarios y a entregar el corazón por los demás, cuando una causa es justa y noble”, afirma Marlenis Pavón, quien con su sudor muestra toda la voluntad y grandeza de los cubanos.

Encima de una colina con una vista hermosa al mar está este centro, donde el amor engendra la maravilla y donde otra vez, a la salida de ese escenario de combate por la vida, escuché la frase: “Para lo que sea, con la Revolución y Fidel pa, lante”.

Volteé el rostro y vi que salía de la garganta de Dayami Rojas, una joven morena que me parecía a Mariana Grajales, quien junto a Denisse Martínez son las encargadas de llevar la alimentación a los casos sospechosos hasta la misma habitación, en la zona roja.

Encargados de llevar la alimentación a los pacientes aislados

Doy unos pasos atrás y pregunto: “¿No hay miedo?”. Y la respuesta rápida y firme fue: “Aquí hay un corazón grande; para lo que sea, estamos aquí”.

Entonces emprendí el camino de regreso, con los ojos prendidos en esas imágenes llenas de heroísmo, de decisión suprema, de amor y convicción de que derrotaremos al Covid-19 y a todos los enemigos posibles, porque tenemos un pueblo, una gente “de pelea”.

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