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Con 29 años, Rigoberto Pulido Toro ha saltado las cercas del aprendizaje para convertirse en uno de los campesinos más renombrados de del oriental municipio de Banes, en la provincia de Holguín.

Hace unos ocho años, los terrenos que ahora pertenecen a su finca La Guantanamera solo era, marabú, manigua y cuatro matas de caña de una antigua unidad cañera. Por aquel entonces, un muchacho de 21 años, de familia emprendedora, hizo público el deseo de su vida: pidió en usufructo esas áreas ubicadas al lado de la carretera de El Embarcadero de Banes.

Casi nadie creyó en la osadía de un joven que en sus zapatos llevaba más huellas de asfalto que de tierra y, al parecer, lo veían demasiado corto de edad para domesticar aquel suelo improductivo. Pero la persistencia venció y su amor al trabajo que lo convierten hoy en un ejemplo a imitar.

“La gente me decia loco, pero mis locuras son como esos sueños lindos, donde te acuestas sin nada y te levantas convertido en rey, te sientes feliz, realizado”, refiere este joven, al cual siempre le acompaña una sonrisa contagiosa y optimista.

Rigoberto Pulido Toro, usufructuario de la Cooperativa de Créditos y Servicios “24 de febrero”, del consejo popular de Mulas, registra altos niveles de producción y entrega de alimentos, experimenta con nuevas variedades y acoge reiteradas visitas de dirigentes del Partido, del sistema de la Agricultura, la Asociación Nacional de Agricultuores Pequeños (ANAP) y de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC); hasta la prensa encuentra allí la materialización del pensamiento martiano: si el hombre sirve, la tierra sirve.

“Cuando pocos confiaban en mí, me dije: Riguito, a esto hay que meterle el pecho duro ,no te puedes dejarte vencer, no puedes quedar mal con tú padre, él ha sido mi guía, mi luz, anda por ahí, por los platanales, enseñándome, guiándome, diciéndome siempre que tengo que ser un hombre de palabra, un batallador, y creo que voy cumpliendo en algo con papá”, expresa este muchacho militante de la UJC.

En la finca de Rigo nada desentona. Cualquier lugar de Banes y de Cuba envidiaría ese paisaje rural; allí, en medio de un agreste paisaje, en tierras totalmente de secano, donde el agua es una bendición que solo les regala de vez en cuando las nubes. los cultivos, por su vigor y población, semejan una pintura sobre la tierra; la maleza fue desterrada de aquel entorno.

¿ Cómo es posible tanta hermosura y tan altos rendimientos?

“Trabajo, mucho trabajo, de dia y de noche, de lunes a domingo, aquí no hay descanso. Cuando a todo lo que se hace se le pone un extra y te gusta ese trabajo, quieres que cada paso te salga bien, tal como uno persigue, al final triunfas. Yo soy un enamorado de mi trabajo. Le pongo el corazón a todo lo que hago”.

¿No sueles acudir a explicaciones o a culpar al clima para justificar un incumplimiento?

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“Cuando las cosas se hacen bien, te gustan y de verdad le pones deseos, pocas veces tienes que justificar, para decir que casi nunca me ha pasado. Aquí he soportado ciclones y sequías, como la que tenemos ahora, que práctiamente tiene agrietada la tierra, y ya voy por más de 300 quintales de plátano, cinco toneladas de frijol, similar cantidad de maiz y otros cultivos. En otros lugares hay riego, y es más fácil pero aquí si es a corazón y mira esos plátanos”.

Rigo habla como un poeta, con estrofas llenas de símbolos y rimas, poniéndole ritmo a cada oración. Tiene conviccciones muy claras y enormes proyectos, quiere seguir fomentando áreas de plátano, maiz, yuca y ya solicitó tierras en la zona de Deleyte para sembrar hortalizas y vegetales para crear bancos de semillas, tan deficitarios hoy en la agricultura banense.

“Me faltan cosas por hacer, estoy en pasos para coger un poco más de área; claro, eso es mayor producción. Los compromisos nunca me faltan, más bien sobran, mis tierras no cogen vacaciones. Tengo un gallito que, como un reloj, me levanta a las cinco de la mañana y ya a las seis estoy aquí para empezar la jornada que termina a las ocho de la noche y a veces más tarde.

“Tengo delirio con el plátano. Lo heredé de mi familia. Aquí he experimentado con muchas variedades, entre ellas, el enano guantanamero, que es el que más me gusta, porque es muy producivo y resistente, por lo menos en estas tierras de secano, pero también el fía.

En las tierras de Riguito, como cariñosamente le llaman sus amigos, también comienzan a crecer cultivos de coco, mango y están las áreas de siembra de frijol, cuyos rendimientos por hectáreas en la última campaña estuvieron por encima de la 2,5 toneladas, las mejores del municipio de Banes, gracias a la aplicación oportuna y eficiente de las técnicas agroecológicas y el control de plagas.

“Si una complicación tengo es que entre tanto trabajo dejo muy poco tiempo para mí, y me he dado cuenta de que necesito ese espacio para compartirlo con mi esposa, tener hijos. Soy una gente de trabajo, no soy de los que andan por ahi en fiestas ni especulando nada. Podía andar por limpiecito, con zapaticos bonitos, tomándome unas cervecitas y perfumadito, pero nada de eso, estoy aquí, en lo que me gusta. Mi fiesta es en el campo, le canto a las matas, les doy cariño y amor para que den estos frutos lindos.”

“Si me das un consejo y me lo demuestras, te lo acepto. ¿Importante yo?, ¡qué va!, una persona igual que las demás, me basta con ser Riguito, un muchacho que ha demostrado que la tierra y el trabajo son los mejores tesoros del hombre”.

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