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Ya son cuatro años de recorrer las calles de arriba abajo, acariciando cada parte del parque, sintiendo sus latidos, como todos los días, al iniciar su jornada de trabajo, antes que salga el sol. Cada madrugada, Miriam Martínez Martorel, una joven de 30 años, lo primero que hace es echar un vistazo a la herramienta de trabajo: un pequeño recolector que, junto a una escoba, son los instrumentos que la acompañan y facilitan el trabajo y la movilidad por donde transita a diario recogiendo la basura.

Todos los días, a las seis de la mañana, inicia su labor cuando el sol comienza a irradiar su luz y los pájaros inician su concierto en el emblemático parque Cárdenas, de esta ciudad.

“Estar en el parque recogiendo basura no es un trabajo fácil, y peor aún bajo el fuerte sol, pero lo hago con mucho amor”, expresa Miriam, mientras sostiene en su mano izquierda la escoba, cual maquilladora de la ciudad, que sale a las calles día a día antes del alba.

Pero sus implementos no son los de una “maquilladora” cualquiera, ella cambia los pinceles y brochas con los que tradicionalmente las mujeres aplican polvos y cosméticos en sus rostros por escobas y guantes para acicalar el del parque Cárdenas, que ya forma parte importante de su vida.

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Con estos pocos convencionales utensilios embellece, día tras día, una zona a la que muchos banenses acuden para pasar un momento de esparcimiento. Laboriosa y exigente con ella misma, limpia y engalana el rostro de uno de los espacios emblemáticos de la ciudad de Banes al que muchos disfrutamos para ir a enamorarnos, conectarnos al Internet o conversar con los amigos.

“Yo me siento orgullosa de mi trabajo, lo hago con mucho amor y responsabilidad”, expresa Miriam, que tiene dos niños, a los cuales les tiene que dedicar tiempo también, “pero todo se puede cuando se quiere”, subraya esta mujer, la única del municipio de Banes dedicada a esta labor.

Los vemos a menudo escoba y recogedor en mano, puliendo cada lugar, chapeando los jardines, retocando las matas, procurando que todo esté en orden, batallando por una ciudad más limpia y hermosa para que siga deslumbrando con su belleza.

Allí, junto a su mamá Deycita, Miriam le sonríe a la vida, porque la vida le facilita hacer algo útil por la sociedad. “Yo soy una agradecida y una guerrera”, me expone con ese espíritu de lucha que la acompaña siempre, y agarra su escoba para seguir puliendo parte del rostro de esta ciudad que cada mañana la recibe satisfecha por su obra.

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