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“Esos viejitos son una fiera”, me dijo en tono jocoso el jefe de la finca Buena Vista, de la Unidad Básica de Producción Agropecuaria (UBPC) “Antonio Maceo”, de Yaguajay, Mario Grijalba Benítez, para presentarme a Arcel Blanco Rodriguez y Ramón Salvador González Ávila, que, a los 88 y 89 años de edad, respectivamente, dan azadón como un joven de 20 años.

“Estoy entero, como un roble”, me confiesa en tono locuaz Arcel, quien me relata parte de su vida y una historia que conmueve y vale ser contada con matices de admiración. Ya a los 9 años este banense estaba en el surco ayudando a su papá en las labores de la tierra, a los 17 años se alzó en la columna 17 Enrique Hart, durante la lucha insurreccional contra la tiranía batistiana, en la zona de Yaguajay, y ha hecho de todo en el campo, arar, sembrar, criar y atender los animales, en fin, atender la tierra, que es lo que le gusta.

“Mis tiempos de niñez eran duros, duro de verdad, había que pelarse el pellejo para poder sobrevivir, las tiendas estaban llenas, las mercancías valían poco, pero muchas veces no había un kilo en casa para poder comer, y esa era la vida de una cuenta personas”, me cuenta este gran hombre.

“Con la Revolución cambió todo, nos dio la tierra, la libertad y la felicidad, nuestros hijos estudiaron y tienen una tierra digna. Nadie nos puede sacar de los que nos pertenece. He trabajado duro y lo sigo haciendo, porque esto me mantiene fuerte y saludable” confiesa Arcel, jubilado, pero no retirado.

Por su parte, Ramón Salvador González. es como un monumento a la resistencia, a la voluntad, al amor mismo a la tierra. Con 89 años, y está ahí, tan derecho y tan dispuesto al trabajo que asombra a todos por esa capacidad y entrega total.

“Yo soy Sansón”, me dice con una sonrisa en el rostro ya arrugado por los años de vida y trabajo bajo el sol, donde también hay muchas historias que contar, con pasajes inolvidables de un hombre que ya desde su niñez araba y cultivaba la tierra para ayudar al sustento familiar.

“Son tiempos nuevos los que vivimos, pero mijo, lo que nosotros vivimos en el pasado era terrible, los guajiros éramos muy olvidados, casi todos brutos y sin aspiraciones; hoy mira alrededor, casas buenas, televisor, luz eléctrica, felicidad, tenemos un país”.

Arcel y Ramón me muestran lo que son capaces con el azadón mientras me cuentan de sus historias de amor, de sus luchas, de su vocación campesina y de cómo va la cosecha del frijol en la UBPC “Antonio Maceo”, de Yaguajay, en la cual colaboran a pesar de estar ya jubilados.

“Esos mercenarios que andan por ahí hablando de democracia y libertad no saben lo que era Cuba antes del 59, o se hacen los tontos”, precisa, Ramón. “Compay, aquello era terrible, nosotros los guajiros y pobres éramos tratados como animales, como esclavos”.

Al despedirme y estrechar sus manos, sentí la fuerza como una tenaza que aprieta con una fortaleza inmensa. Entonces me dije: estos viejitos sí son unas fieras.

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