Read Time:2 Minute, 57 Second

Era la mañana

de la Santa Ana,

mañana de julio pintada de rosa.

Nadie presentía que saldría el Sol

por la silenciosa

granja de Tizol.

                                        Jesús Orta Ruiz

El Moncada es poesía de la nación. Narración homérica bañada en el Caribe. Héroes de leyendas acunados por las palmas, la ceiba, el jagüey. El Moncada es fuerza atronadora, vendaval ardoroso, carcajada triunfal en medio de las tinieblas.

Más de 60 muertos. Cubanos desollados, martirizados. La humillación cebándose en cuerpos de luz. Y esa danza macabra se clava en el tuétano de un país, se levanta como blasón de las madres huérfanas de hijos, de los hijos huérfanos de padres, de los hermanos huérfanos de hermanos, de una nación entera que dice “ya no más”.

En medio del horror, se queda la poesía. Poesía ardorosa y tierna que sale de las manos de poetas, poetisas, cubanos amorosos que saben que la historia hay que contarla, no solo el hecho cronológico y frío, sino también el palpitar del alma, el olor, el suspiro.

Del campesino es la tierra,

y Cuba de nuestra aorta.

La cárcel ¿qué nos importa?

¡Habrá mañana, habrá guerra!

(Ya lo escuchaba la Sierra,

aun escuchándolo está)

Y hubo otro ¡no! en Baraguá

cuando patético y puro

dijo con fe en el futuro:

¡La historia me absolverá!

                                    Carilda Oliver Labra

Poesía es el viaje a hurtadillas de jóvenes de todo el país hasta Santiago, las miles de horas de organización, las armas dormidas en el fondo de un pozo, la Granjita repleta de porvenir. Poesía es la voz enérgica de Raúl Gómez García, leyendo el Manifiesto, grabando en las estrellas que ya estamos en combate, el himno mambí subiendo hasta el Turquino. Poesía es la mirada sorprendida de los soldados, el fragor de la batalla, los disparos desde el Palacio de Justicia, los agujeros eternizados de la fachada del cuartel. Poesía, un Santiago atónito que al alba ve florecer la historia.

Andando los meses, un poeta se levantará en un guateque en el que cantaban décimas para Martí, y lanzará al viento estos versos.

Martí no murió, Martí

Volvió a vivir en Oriente,

le relampagueó la frente

y tornó a ser un mambí.

Lo vemos cerca de aquí

trazando nuevos caminos,

y aunque crean los mezquinos

que se ha reducido a hueso,

aseguro que está preso

de nuevo en Isla de Pinos.

El Indio Naborí terminaría en la cárcel ese día, y solo la presión popular le devolvió la libertad. Ese era el precio de la poesía vestida de rojo y negro, anunciando la alborada que a Cuba se le sobrevenía.

26. La poesía. Andar del cubano por la ciudad indómita, cuando salta a la vista el nombre de los héroes, se plasma en la memoria, en el corazón. Si se mantiene el silencio, de seguro llega, disfrazada de brisa, la voz eternamente juvenil del poeta del Moncada.

No importa que en la lucha caigan más héroes dignos

Serán más culpa y fango para el fiero tirano

Cuando se ama a la patria como hermoso símbolo

Si no se tiene armas se pelea con las manos.

Happy
Happy
0 %
Sad
Sad
0 %
Excited
Excited
0 %
Sleepy
Sleepy
0 %
Angry
Angry
0 %
Surprise
Surprise
0 %

Average Rating

5 Star
0%
4 Star
0%
3 Star
0%
2 Star
0%
1 Star
0%

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

ocho − cinco =