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Un silencio inusual reina hoy en el Instituto Preuniversitario Urbano Juan George Soto Cuesta, de Banes. Ya no se escuchan las risas y el alboroto típico de adolescentes entre 15 y 18 años. Por unos días, sólo los profesores reinan en el lugar. Y es difícil.

“Es duro para nosotros. Ellos son también nuestros hijos, y ver la escuela así, es bastante duro. Pero era necesario para protegerlos, para evitar un mal mayor”. Así refiere Kenia Expósito Pérez, coordinadora general del departamento de Humanidades del centro, el cual se mantiene en activo con el resto del claustro de profesores. No dejan que las circunstancias los derriben. Antes bien, toman acción para garantizar la continuidad del curso. Un curso atípico, por obra y gracia de la covid-19.

“Estamos en una pausa del proceso docente educativo, a raíz de la decisión del Ministerio de Salud Pública en el territorio de aislar a nuestro alumnado, al ser algunos de ellos contactos de un caso confirmado a la covid.”

“Este no es el primer caso que se nos da en el municipio en que algún estudiante es contacto de casos positivos, y tenemos los protocolos dispuestos para ello. Se procede al aislamiento del alumno y su familia y de los contactos que orienten los epidemiólogos de la Dirección Municipal de Salud, a los niveles establecidos, ya sea un aula, un grado, etc,” afirma Guillermo Calzadilla Rodríguez, jefe de la enseñanza secundaria básica y preuniversitaria en Banes. “En este caso, se decidió el aislamiento de todo el colectivo estudiantil, por la cantidad de contactos y para evitar riesgos dentro del centro.”

“Sin embargo, en este, como en los otros casos, el peligro se ha producido fuera de la escuela. Y es una situación que preocupa, pues no es suficiente la prevención que se aplique en las instituciones educativas si no son acompañadas por el actuar de la familia y la comunidad”.

La seguridad de los alumnos es una prioridad en esta institución educativa. Foto tomada de Internet.

Para entrar al IPU, como lo conocen los banenses, se debe atravesar un filtro sanitario, pisar el paso podálico, llevarse en las manos ese olor desagradable y necesario del cloro. Así ha sido siempre, desde que el coronavirus insiste en colarse en nuestra cotidianidad.

“Mantenemos todas las medidas indicadas,” afirma Kenia. “Se han analizado en las asambleas de la FEEM, se les ha explicado a los padres. Los alumnos han sido muy disciplinados, pero en la comunidad el asunto es distinto, no hay percepción de lo que puede suceder. Y eso nos pone a todos en riesgo”.

“Claro que al principio fueron momentos de mucha tensión. Se unía la preocupación por los estudiantes con la que nos provocaba nuestra propia familia, nuestros hijos, nuestros ancianos. Con esta enfermedad nadie está seguro. Pero todos los profesores asumimos con rapidez nuestra función. Había que mantener la calma, y tomar decisiones acertadas. De eso dependía la estabilidad de cientos de familias que tienen a sus hijos con nosotros”.

Kenia recorre las escaleras de la escuela, y llega hasta el departamento. Allí la aparente tranquilidad se rompe. Los maestros preparan sistemas de ejercicios, planean estrategias para llegar a todos los estudiantes, se reajustan planes de estudio. La actividad de hoy no logra borrar del todo la impresión de esos momentos.

“Cuando lo supimos lo primero fue explicar la necesidad del aislamiento total en las viviendas de los estudiantes, aún y cuando algunos no estaban conformes con la medida,” nos cuenta Oscar Llorente Vargas, profesor entrenador de Español Literatura del duodécimo grado y secretario del Comité UJC en la escuela. “Las autoridades de Higiene y Epidemiología tuvieron un encuentro con el Consejo de Dirección, y los representantes de las organizaciones políticas y estudiantiles de la escuela, donde se nos dieron todos los detalles de la decisión tomada, y estuvimos en condiciones de explicarles a los estudiantes.”

“Hubo inconformidades, sobre todo de los estudiantes del doce grado, quienes en su mayoría no deseaban interrumpir la preparación para sus exámenes de ingreso; otros se alegraron, pensando que los instrumentos evaluativo serían más benévolos ante la situación que enfrentamos. Pero se cumplió lo orientado con disciplina y con una muy buena comunicación con la familia.”

“Hasta el momento, todos los PCR realizados a los alumnos de la escuela están negativos,” afirma Guillermo Calzadilla. “El periodo de aislamiento está previsto para quince días, si no se presenta ninguna complicación. Mientras tanto, el estudio en casa es fundamental”.

Yusleidis Bresler es profesora de Historia del décimo grado. Entre las muchas preocupaciones que ha tenido que solventar con los padres de sus alumnos, está la implicación que tendrá este receso obligado en las evaluaciones.

El preuniversitario tiene su sistema evaluativo característico, donde cada calificación cuenta. Tras respuestas a esa inquietud llegamos hasta ella.
“Esta situación no afecta el proceso evaluativo, ya tenemos los ajustes que debemos realizar, y hemos tomado medidas para divulgar cuestiones básicas como objetivos de los exámenes, ejercicios, consolidaciones. “

“Sabemos que no es lo mismo la presencialidad, el intercambio directo con el profesor, a la distancia y la autopreparación, a la que nuestros estudiantes no están acostumbrados. Pero es el momento de crecerse. Y de que la familia este junto a sus hijos en una etapa que no es de vacaciones, que debe ser aprovechada para consolidar conocimientos que faciliten retomar el proceso docente. Por nuestra parte hemos asumido diferente a vías de comunicación, los grupos de whatsapp, el facebook, de diversas maneras les hemos hecho llegar a los estudiantes los sistemas de ejercicios, las orientaciones, la parrilla televisiva de las teleclases que hoy se imparten.”

“La primera reacción de los muchachos ante las teleclases fue que ya habían recibido ese contenido. Y es que están diseñadas para provincias que se encuentran en una etapa diferente del curso. Pero sirven para consolidar, para profundizar,” argumenta Oscar, y añade: “Sabemos que algunos estudiantes no tienen acceso a la Internet, y también hasta ellos llegan las ejercitaciones y las orientaciones de la escuela, apoyándonos de los agentes y las agencias de la comunidad, aplicando en la práctica los nuevos procederes del Tercer Perfeccionamiento Educacional. Para quienes sí cuentan con el acceso a las redes, actualizamos la página oficial de la escuela en las distintas plataformas, para garantizar el acompañamiento, aunque sea a la distancia”.

Es una escuela mucho más sola el IPU Juan George Soto, es innegable. Pero sus profes no han cedido a la melancolía. “Añoramos tenerlos aquí, son el alma de la escuela, el pilar de todos nosotros,” sonríe Kenia, “pero entendemos el momento que vivimos y que así los protegemos más, para que muy pronto estén recorriendo estos pasillos”.

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