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Foto: Raúl Oliva

En los años 90 del siglo pasado a Cuba le cambió el rostro. El mundo conocido dejó de serlo. Europa del este abandonó su rumbo y aquí, en el barrio, se sintieron las consecuencias. No me extenderé en datos que casi todos recuerdan, solo diré que solo un pueblo con un gran equilibrio mental y millones de kilogramos de confianza convierte una década de incertidumbres en un manantial de anécdotas. Durante el llamado Período Especial los cubanos subsistimos y fuimos protagonistas de un cambio radical de las condiciones de nuestro país.

Pues bien, ahora Cuba cambia también, con tres premisa: el cambio a tono con nuestros tiempos, el cambio consecuente con nuestra historia e ideología y el cambio para bien.

Construir una sociedad no es solo asunto de gobiernos y presidentes. La peluquera, el carretonero, el ama de casa y el cuentapropistas son también protagonistas de nuestra democracia. Cada cubano es un actor social que debe funcionar para cambiar todo lo que debe ser cambiado. Ser eficientes, producir, respetar, opinar, cooperar son formas verbals que ni por gusto se conjugan en plural.

Todos somos responsables por Cuba, por elevarla hasta donde debemos: allí donde reina toda la justicia. Este es nuestro tiempo, el tuyo y el mío, el tiempo de actuar y de estudiar para actuar mejor. Ese es el cambio que queremos, el que necesita la gente humilde de este país, el que nos brinda un futuro mejor, un futuro de igualdad, de bienestar económico, de seguridad. Por los cubanos de ayer, por nosotros y por los que vendrán lo debemos construir.

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