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Puede ser una exposición en una sala de televisión intrincada o el montaje de una coreografía con las niñas de la cuadra. Puede ser de conjunto con la casa biblioteca, para promocionar la lectura de cuentos infantiles o de la mano de la abuelita más entusiasta, que logró reunir a sus amigas una vez a la semana para tejer juntas. Puede (y debe) parecerse al rincón donde es gestada, o puede traer propuestas diferentes, que abran los pensamientos y diversifiquen los gustos.

En todos ellos esta como ente propiciador el promotor cultural. La labor de promoción cultural es aspecto indispensable en la estrategia cubana para la formación estética de sus ciudadanos. Tiene larga data y obedece a la intención de llevar hasta los más recónditos lugares del archipiélago el amor por el arte, la cultura y la identidad nacional.

Sin embargo, el promotor cultural no es solo un sembrador, sino también un descubridor. Su tarea principal consiste en horadar las circunstancias comunitarias, sumergirse en porqués y cuándos, y tomar las riendas de la vida de los barrios. Identificar tradiciones, crear nuevos escenarios, apoyarse en líderes naturales, hacer funcional la red de instituciones, son algunos de los entresijos de su trabajo.

En Banesc, los promotores culturales se subordinan a la Casa de Cultura «Juan Marinello Vidaurreta», y allí no solo reciben orientación en cuanto a método y estrategia, sino que además cuentan con la capacitación de los instructores de las diferentes manifestaciones.

«Los intercambios semanales son muy provechosos, pues se parte del cumplimiento de la programación, pero además se imparten talleres, conferencias, sobre distintos temas», afirma Liusmila Mesa, programadores de la institución. «Cada promotor, a partir de las potencialidades que detecta, elabora la programación para la zona donde trabaja, prestando atención a grupos etáreos y temáticas que tenemos como prioridades, ese es el caso de la infancia, los adolescentes y los adultos mayores. Deben buscar el apoyo de instituciones de las comunidades y de personas con prestigio que puedan movilizar a los vecinos. Las escuelas son escenarios muy especiales, pues cuentan con los instructores de arte, y además con los estudiantes aficionados a las artes, que conforman los proyectos comunitarios», concluye la especialista.

Ubisdel Betancourt es promotor de la zona de Cañadón, el cual refiere que tienen «una programación sociocultural mensual, donde están presentes las diferentes manifestaciones. Me apoyo mucho en las Salas de Televisión, pues son las instituciones que se encuentran en diferentes comunidades intrincadas. Nuestra labor está indisolublemente unida a los instructores de arte. Tenemos dos en la demarcación de las manifestaciones de música y artes visuales, pero que encuentran preparados, como todos estos profesionales, para asumir el resto de las manifestaciones. Así ellos están presentes con sus unidades artísticas en las actividades que organizamos. Tenemos presente la literatura, el teatro, el cine. Realizamos debates sobre diferentes temáticas, pues nuestra labor no está separada de la realidad objetiva, al contrario, tratamos de incidir positivamente desde el arte sobre problemáticas como el embarazo en la adolescencia o la violencia intrafamiliar».

«El conocimiento que tiene el promotor es invaluable, pues toca con sus manos el día a día de la comunidad, sus tradiciones, su historia», afirma Yisel Batista, responsable de Patrimonio Cultural Inmaterial en el territorio, quien señala que «es necesario tenerlos en cuenta para cualquier tipo de intervención comunitaria, así como para promover acciones de impacto sociocultural de cualquier tipo. Las caracterizaciones que realizan de sus comunidades son muy útiles a la hora de tomar decisiones que afecten a núcleo determinado».

A pie, en bicicleta, en caballos o en volantas, los promotores culturales a diario toman el pulso del territorio banense. Mucho queda aún por construir, hacia adentro, en la preparación y especialización de estos trabajadores, en la adquisición de herramientas que los doten de armas para enfrentar las intervenciones comunitarias; y hacia afuera, con la dignificación de su papel y la escucha de su sapiencia de pueblo a la hora de cambiar, crear, o volver a instituir aspectos que toquen la vida de la comunidad.

Su integración y aporte efectivo a las brigadas culturales que animaron las jornadas veraniegas fueron muestra de que su presencia es indispensable cuando se hable de llevar el arte y la cultura hasta los barrios.

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