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Luego de subir una empinada calle, la Carlos Manuel de Céspedes, que lleva hasta el Nuevo Banes, un populoso reparto de la ciudad, se llega a una pequeña escuela primaria llamada “Héroes del Moncada”. Es difícil para alguien que, como yo, cursó sus estudios en los seminternados, entender la filosofía de las escuelas externas. Siempre han constituido para mí un gran misterio.

Su pequeñez, su aparente simplicidad, su cercanía entrañable con la comunidad, sus horarios “partidos” con las pausas para almorzar en casa. Todo eso las convierte en un mundo distinto y no exento de encantos. Así es “Héroes del Moncada”, una escuela primaria que se vio obligada a cambiar para adaptarse a los tiempos que corren, marcados por la covid-19. Amarelis Zaldívar es la directora de la institución educativa, y afirma que “el proceso no se ha detenido, a pesar de las dificultades que impone el nuevo coronavirus. El aprendizaje destaca entre las prioridades principales. Desarrollamos diversas estrategias para garantizar la atención a estudiantes evaluados de regular o mal en los diferentes grados, entre ellos los campamentos de repaso y la atención diferenciada en horario vespertino. La preparación de los maestros es fundamental para lograr la clase desarrolladora que nos pide el Tercer Perfeccionamiento Educacional y que es hoy más necesaria que nunca. Debimos readecuar los planes de estudios ante las condiciones actuales, a partir de las orientaciones del Ministerio de Educación, y eso obliga a mantener una preparación constante”.

En la escuela, que antes de la covid tenía doble sesión, se ha transformado en horario para concentrar las clases en el horario de la mañana. De esta manera evitan el traslado de los estudiantes hasta la escuela en varias ocasiones durante el día. Por lo tanto, es indispensable utilizar bien el tiempo.

Escuela primaria “Héroes del Moncada”. Fotos de la autora

Aquí las aulas son pequeñas, pocos niños comparten el amor y la atención de maestros, asistentes educativos y especialistas. Separados a una distancia prudencial, no faltan mascarillas en sus rostros y el necesario desinfectante en el filtro sanitario de la entrada.

“Como en todos los lugares, aquí también hemos aplicado las medidas orientadas para la protección”, explica Yurina MacPearson Andreal, coordinadora general del centro. “Mantenemos las pesquisas, exigimos los nasobucos a los alumnos y profesores. Los profes de las especialidades como instructores de arte, educación física o biblioteca apoyan no solamente en el aspecto docente, sino también en la vigilancia sanitaria”.

Recorriendo la escuela está Flor María Ricardo Torres, psicopedagoga de la escuela. Su labor es hoy, quizás, cada vez más necesaria. “Lo principal es la preparación. Tratamos de llevarla a padres, alumnos y profesores. Desarrollamos charlas, entrevistas, encuentros con los padres. Desde el recibimiento en la mañana se trabaja en la promoción de salud, en las medidas preventivas, en explicar una y otra vez como se deben conducir en esta etapa tan compleja”.

“Son momentos en que la familia necesita mucho apoyo, mucha confianza. La rutina ha cambiado mucho, los niños vienen solo a la sesión de la mañana; cuando antes funcionaban las dos sesiones, los niños regresaban después de almorzar. Ahora dedicamos las tardes a los repasos para los estudiantes que los necesitan, hemos adoptado esa medida para disminuir en lo posible la permanencia de gran cantidad de estudiantes y profesores en la escuela. Esto incide en la familia, que debe organizarse de otra manera”, aclara Flor María, y continúa: “Otra de las cuestiones que ha preocupado es la necesidad de que ningún personal ajeno entre a la institución educativa. Eso incluye a los padres, cuestión que, aunque ha sido respetada y apoyada, sabemos que puede constituir una situación muy complicada, y hasta dolorosa, sobre todo para los niños de los primeros grados. Sin embargo, la familia ha entendido que todos los cambios obedecen a la decisión de proteger la vida y el bienestar de sus hijos”.

En las aulas de Héroes del Moncada conviven pequeños, en su mayoría de la comunidad aledaña a la institución. Tras el nasobuco, sonríen con ojos ávidos de vivir, aspiración que es garantizada por sus maestros, quienes ponen su mayor esfuerzo para salvaguardar su salud, sin olvidar su formación.

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