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La llegada del tercer perfeccionamiento a todos los centros educacionales obliga a repensar la mirada que se le brinda a la influencia del ámbito comunitario en la formación de los estudiantes de todas las edades, puesto que esta es una de las transformaciones que caracteriza el proceso de reajuste que asume la educación cubana.

El planteamiento marca al consejo popular con sus diferentes actores, dígase presidentes de consejo, delegados de circunscripción, representantes y miembros todos de las organizaciones de masas, es decir, los CDR, la FMC, e incluso la ANAP y  los combatientes, como parte indispensable del proceso docente educativo, con importantes funciones en la prevención, el tratamiento a problemáticas sociales, la formación vacacional y el apoyo sin restricciones a las actividades de cualquier índole planificadas por la escuela.

Es un cambio radical que debe prender con fuerza en quienes asuman esta responsabilidad. Deberá transformarse entonces, por ejemplo, la cantidad de jóvenes desvinculados del estudio y el trabajo que rodean las secundarias básicas del municipio a cualquier hora.

Igualmente, se incrementará la vigilancia sobre adolescentes y casi niños que se acercan tempranamente al cigarro, el alcohol, e incluso a las drogas. Se deberá identificar con celeridad las familias con algún tipo de disfunción, profundizando en la particularidad de cada caso, pues como afirma nuestra Constitución, no existe un solo tipo de familia y su composición cada vez más diversa, no determina su funcionalidad.

Esto significa que quizás un núcleo con todos sus integrantes se vea afectado por la permisividad, por la poca atención a los hijos, porque prevalezca el interés por garantías materiales, dejando de lado las espirituales y, por otro lado, existir familias monoparentales, o pequeños al cuidado de abuelos, tíos, o tutores, que reciban apoyo, cariño, educación, valores. Es decir, que a la hora de evaluar es indispensable dejar a un lado la superficialidad para poder orientar y ayudar de la mejor manera posible.

Comienza una nueva etapa, que estresa con creces a la familia. A la avalancha de compras, o sea, mochilas luncheras, forros, zapatos, goma de pegar, toallitas, delantales, sufrideras, se sucederá la necesidad de pintar las aulas, arreglar algún que otro libro de texto, garantizar a diario la merienda, el peinado adecuado, el uniforme limpio y planchado. Pero recordemos siempre que el curso es mucho más. Es cuando se juntan muchas personas para hacer futuros, no dejemos, ni los padres ni las comunidades, que perdamos la oportunidad de influir en su creación.

La edificación del porvenir, o sea, la educación de nuestros hijos, es tarea que incluye a maestros, familias, amigos y vecinos. Un país entero volcado a la educación.

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