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Fidel decía que en el pueblo hay muchos Camilo. ¿ Por qué diría eso? Buscar al Héroe en todas partes ha desvelado a no pocos cubanos. Quizás la metáfora parta de que era él el más parecido a la identidad nacional, partiendo de una característica salvadora, que nos ha mantenido vivos todos estos años: la risa.

Igual que en los momentos duros pensamos en el Che y apretamos los dientes, de la misma manera en que cuando nos ofenden la dignidad todos los cubanos tienen cara de Martí, exactamente como a la hora de las batallas trascendentes nos crece una barba imaginaria, en la alegría, en la tristeza, en el miedo y la desesperanza, nos brota una carcajada, que alivia, que fortalece, y que tiene necesariamente que venir de Camilo. Ese Camilo que como cubano al fin, siempre estaba haciendo reír a los demás, riéndose de él mismo, de lindo o lo feo que le mandaba la vida.

Risas en plena manigua, bajo una lluvia torrencial, con callos en los pies, con frío. Bromas en medio del combate, cuando apretaba el hambre, cuando todo parecía perdido. Camilo devolvía la esperanza, incluso en aquella jornada difícil de la invasión a Occidente, luego de días de hambre, cuando una yegua cruda y sin sal, fue el alimento que sostuvo a la Columna para seguir adelante.

Risas en la victoria, carcajadas en lo alto de las tribunas, chistes con los niños, con los pobres, con los no tan pobres, con los jefes. Cuba con toda la fuerza de un humor que sostiene, que enmienda los errores, que suaviza la crueldad de los tiempos. Esa era la risa de Camilo. Esa nos legó, a tal punto que todo el que lo recuerda, ve su sonrisa debajo del sombrero alón.

Es nuestra herencia. Por eso las carcajadas en los apagones de los noventa. Por eso las bromas ante todos esos momentos terribles e inolvidables. Por eso se inundan las redes de memes con todos los temas que hoy son afines al cubano: la novela, los precios, el salario, la calidad del pan, la filiación materna de Trump, la pandemia…

Por eso cantamos con Virulo el “pórtate bien”, y la viejita, cuando el estudiante de medicina que hace la pesquiza, le pregunta: ¿tiene algún síntoma?, ella imita a Pánfilo, y le dice “¡No, hombre, no!”

Y mira, que estos años no han sido para nada graciosos. Pero Cuba no renuncia a la alegría. Quizás sea la idioscincracia. Quizás, el ajiaco de culturas. Tal vez, y solo tal vez, el legado de Camilo.

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